Impera una visión folklórica hacia las lenguas maternas, señala escritor purépecha

Raúl López Téllez

Escritor purépecha, Ismael García Marcelino advierte que no se está en la ruta para frenar el creciente deterioro de la lengua originaria. Fechas como el Día Internacional de la Lengua Materna se convierten en pretexto para que las instituciones aludan a su presunta preocupación por la suerte de las lenguas.

La permanencia del habla original, señala, está en los niños y si ellos ya no hablan el idioma propio, queda sólo en los ancianos preservar el patrimonio oral. Una globalización que genera inequidad, consumismo, modas ajenas a las raíces se involucran entre los factores que hacen a un lado la lengua materna.

Y así será, dice el promotor cultural nacido en Ihuatzio, en tanto no se generen las condiciones para el “sesi irekani”, dice en su lengua, que traduce como el “buen vivir, bien vivir”.

La situación de la preservación de las lenguas va “muy mal, por más que uno se tome a broma estas políticas públicas internacionales, cuando se declara Año Internacional de la Lengua Materna cuando las lenguas indígenas generalmente solo se quedan en eso, en una idea de que hay que voltear a verlas, volver a atenderlas, que hay que hacer visible el problema de que se estén terminando pero como no hay un diagnóstico adecuado, un acercamiento con la población y su dinámica, frecuentemente estas políticas sean municipales, estatales, nacionales, o incluso internacionales, se reducen a difundirlas, no les hace un gran daño pero no les hace un gran favor al desarrollo, estrictamente entendida como desarrollo, de las lenguas indígenas”.

-En la realidad, ¿las comunidades preservan o están relegando el idioma?

“Ése sería un rango que habría que agregarlo a un diagnóstico cuando se hace en serio. Dice un axioma social que las lenguas que dejan de hablar los niños, están condenadas a perderse, porque ellos habrían de ser los depositarios, no solo de la lengua, sobra aclarar eso, pero serían los depositarios de ese idioma; cuando sólo se habla por los ancianos, pues ya no hace falta explicarlo”.

-¿Es lo que pasa actualmente?

“Los niños y los jóvenes dejan de hablarla y, la verdad, por más esfuerzo que pueda hacer una escuela por enseñarla o un escritor por en reproducirla por escrito, eso no es lo que le sirve a la preservación de las lenguas, las estatiza, las registra, las perpetúa, seguramente, pero no necesariamente impulsa su desarrollo”.

De los factores, señala a la globalización que “que no es mala, pero si no está activada en todos los ámbitos de las culturas, no tenemos páginas en lenguas indígenas, no las suficientes, no hay el mismo tratamiento al estudio y a la enseñanza de las lenguas indígenas que a otras lenguas reconocidas, llamadas universales, funcionales, etcétera y hasta indispensables, no hay equidad, tantos materiales en otras leguas en cine, teatro, recreación, literatura, es muy dispareja la cosa”.

Sobre la situación de la literatura en lengua indígena, en Michoacán “por mucho hay una docena de escritores” en lengua indígena, por lo que señala que su impacto es muy bajo. “Su producción es muy breve, su edición es tanto más breve y el efecto en los lectores, sin dejar de considerar que no toda la literatura producida en lenguas indígenas, es literatura de calidad”. Añade que su orientación va más “hacia el folclor, hacia la idea del indígena lindo, el indígena ataviado, festivo, lo bonito de nuestra tradición y frecuentemente no hace más que mostrar al indígena de otra manera, como ya lo hace la fotografía, el cine indigenista”.

-¿Cómo debería cambiar la situación de las lenguas, en relación con instituciones y comunidades, con visiones no folklóricas?

“En cuestión del desarrollo, impulsándolo en todos los ámbitos de la sociedad, así como hay buenos hospitales en la ciudad, de esa misma manera debería haber en las comunidades rurales, indígenas, y todos los demás servicios, excelentes profesores, excelentes equipos de trabajo, para que la gente se dedique sólo a vivir y cuando se dedica sólo a vivir y a producir, tenemos lo que en purépecha llamamos el ´sesi irekani´, que significa el buen vivir, el bien vivir, cuando la gente tiene esas condiciones no tendría por qué estar buscando lo que llama nuevas oportunidades, todas estas preocupaciones nos hacen ocultar el idioma, cambiar de forma de vestir, más de alimentarse y en consecuencia de formas de explotar la tierra y hacerse de alimentos, lo que genera la migración y favorece la penetración cultural”.

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