Andrea Finck: imaginar mundos con los títeres

Luna Monroy

Andrea Mercedes Mendoza Finck se dice  titiritera de corazón.

Gestora y promotora del Festival Internacional de Títeres de Morelia que este año llegará a su XVI edición. Con el personaje que la acompaña, “La Abuela”,  con quien lleva más de mil representaciones en  la obra “Viaje por el mundo de Cri-Cri”, en su colección se pueden contar más de  200 figuras: gigantes, de mesa, títeres de guantes, de espumas, marionetas de madera  y algo más.

Cada 21 de marzo se celebra el Día Mundial del Títere, iniciativa de la Unión Internacional de la Marioneta que promueve, valora y difunde el arte de hacer teatro con muñecos de trapo, madera o papel; se reconoce también la labor del titiritero que da vida y personalidad al muñeco para contar historias, denunciar situaciones  e imaginar mundos.

En entrevista para el artefacto, Finck da cuenta de su trayectoria y del panorama de este arte ancestral en Morelia y en México.

-¿Desde cuándo tienes inquietudes por los títeres?

“Exactamente no sé, pero son más de 25 años de labor con los títeres. Estudie  música en el Conservatorio de las Rosas; cuando la crisis por los altos costos de las colegiaturas se acrecentó, inicié mi trabajo con Katy  Zamora y Raúl Olmos, en su academia de música. Tiempo después abrí  mi escuela de arte en la Plaza de Capuchinas; con ese equipo de la academia hicimos conciertos didácticos en las escuelas para difundir la música clásica, pero los chavitos no prestaban del todo atención y era frustrante. Dalí Muños Blanch, nos sugirió que hiciéramos los conciertos con títeres y nos enseñó a hacerlos y usarlos”.

-¿Cuál fue tu primer función?

“La primera obra que hice fue cuando tenía 19 años,  fue un concierto prehispánico didáctico con títeres. El esposo de Dali M. Blanch, tenía un ejército de instrumentos de música prehispánica y el resultado fue maravilloso. Ver a los pequeños desde maternal adentrados  en la obra-concierto y que pusieran atención, ¡fue impactante cómo el títere logró adentrarse en las personas! ¡Me enamoré por completo de mi trabajo!”.

-¿Cuál fue tu primer títere?

“No hubo como tal un primer títere, sino obras, eran  muchos títeres. Una de las primeras fue “La música a través de las épocas”, y sus personajes eran: Bach, Vivaldi Mozart, dimos como 200 representaciones”.

¿Tienen alma los títeres?

“Los titiriteros somos animadores de los personajes, qué significa esto, que le damos vida. Cualquier objeto que se anime en función dramática es un  títere, puede ser un zapato, un peine, un pedazo de tela; no precisamente un títere debe tener ojos, nariz y boquita, es así. No cualquier manualidad es una marioneta, es un objeto. El títere tiene alma porque él y el titiritero se fusionan, mientras que tenga vida el títere vive la vida del actor y es reciproco, a la par el títere le da vida al titiritero. ¡Los personajes de las obras de títeres tan viven, que depositan entre niños de cero a siempre escenas conmovedoras,  en su mundo mágico y es que falta mucha fantasía para aceptar  nuestra realidad!”.

-¿Consideras que en esta época  enajenada en las pantallas, los títeres son artificios olvidados?

“No, jamás. Lo que pasa es que desgraciadamente habemos muy pocos titiriteros, el trabajo de promoción y difusión se vuelve más arduo. Tengo la certeza porque lo he vivido, el títere sigue siendo un primer plano. En mi experiencia jamás he visto en escena a un niño  dejar de poner atención por mirar las pantallas.  Tanto la tecnología como la situación actual del país con tanta inseguridad, han hecho que los padres de familia aíslen a sus hijos. El teatro de títeres, sin embargo, no queda en el olvido”.

¿Cuál es el panorama general del arte de títeres en México?

“Es un arte que nunca morirá, porque siempre habrá alguien que se enamoré como yo de estos personajes, si es complicado ser artista y más titiritero. No hay una escuela donde estudiar, ni en Bellas Artes. Cuando decides ser titiritero inicias una hermosa travesía con los  colegas, quienes te van formando con tus propias experiencias. El titiritero a diferencia del actor tiene que adaptar sus obras, porque no hay dramaturgia para este teatro, además de construir a los personajes. El panorama en México es complicado, las convocatorias no cuentan con rubros para titiriteros”.

“Sin embargo hay dos fortalezas, el legado de Rosete Aranda, (compañía de marionetas mantenida por una familia de titiriteros mexicanos entre 1835 y 1958) y que actualmente  existe un Festival de Títeres Rosete Aranda, que va en la 33 edición. Además del Museo de Nacional de Títeres, Huamantla, Tlaxcala”.

-¿Quiénes fueron tus maestros?

“Fueron Dali M. Blanch, Carlos Alarcón y Esteban Vargas, quienes fueron mis impulsores, después he tenido otros maestros como Carlos Converso y Toni Zafra,  aunque la mayoría de lo que sé lo he aprendido de manera autodidacta”.

– ¿Consideras que en Morelia existe una academia o alguien que se encargue de preservar y heredar este arte a nuevas generaciones?

“Hay una intensión por la cual hago el Festival de Títeres, que va por su XVI edición y es porque pretendo presentar y difundir este arte milenario. No hay una escuela formativa. Hay talleres esporádicos, pero no hay profesionales en gran volumen y quien se interesa en este arte, pues los que perduran son pocos. Sin  embargo en Jalapa, Veracruz está en maestro, Carlos Converso, argentino radicado en México, pero que cuenta con una amplia trayectoria y se ha dedicado a impartir cursos”.

“Hay festivales en Tlaxcala, Monterrey, Veracruz, Morelia. En México hay titiriteros talentosos, pero hace falta el apoyo  no sólo por parte de gobierno, también a través de la sociedad y que se acostumbren a un trabajo de taquilla para que sea autosustentable”.

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