Arquitectura, jazz y regaños

Caliche Caroma

Ocurrió durante el día más largo de 2019, viernes veintiuno de junio, en la catedral de cantera del jazz y el blues en Morelia. El Amati comenzó a llenarse pasadas las diez, el trío Transient estaba anunciado para esa última noche de primavera, el verano podía esperar para aparecer con sus solos de lluvia.

Trío de tres triunfadores, Transient. Adrián Terrazas en el saxofón y flauta transversal, directamente desde Chihuahua, Chihuahua; Tomás Krumm en los teclados, nacido en Santiago de Chile; y la batería de Hans Ávila, bonaerense y chileno al mismo “tempo”. El primero de estos tres músicos, Adrián Terrazas, miembro de la legendaria banda de rock alternativo The Mars Volta, en activo durante cinco años, (Adrián Terrazas González en entrevista para el Canal 22); Tomás Krumm fue discípulo del cubano Juan Chiriño y grabó un excelente disco llamado “Folklore ajeno” (Folclore Ajeno de Tomas Krumm). Hans Ávila vive en México desde hace varios años, tiene su propio trío y un ritmo que hace bailar al mismísimo Satanás, también jazzista (Diego Maroto, Luri Molina y Hans Avila en Zinco Jazz Club).

El concierto del viernes veintiuno en Amati fue poderoso, casi dos horas de jazz + rock + regaños, la tensión en el escenario demuestra el compromiso de los artistas, una mirada inquisitiva dice más que mil palabras. Sonido antiguo que en algunos momentos transportaba a los antiguos juegos de béisbol con su organista en vivo, Krumm tocaba los bajos también; improvisación que hacía que las cervezas de avena se acabaran más rápido de lo normal, “me traes otras tres y dos mezcales, por favor”. Estas notas salen caras.

En una entrevista del Canal 22, Adrián Terrazas cuenta cómo fue que sobrevivió al cáncer de estómago (véase la liga), relata su acelerado y descontrolado modo vida antes de la enfermedad, incluye muy mala alimentación, tabaco y desveladas sin el descanso necesario, así como multitud de premios, uno de ellos el Grammy de 2008 por “Mejor actuación de rock” para The Mars Volta (https://www.facebook.com/AdrianTerrazasGonzalezOfficial/). Quizá esta experiencia fue la que lo convirtió en una persona verdaderamente exigente, tanto con él mismo como con sus compañeros musicales.

Sobre esto último es importante escribir algunas líneas. Varias veces, durante la noche del Amati, Adrián reconvino a Tomás Krumm, de hecho, Terrazas explicó que tenían poco tiempo tocando juntos en esa alineación del trío Transient. Hans Ávila hizo como que no se daba cuenta de lo que sucedía. El líder del trío llegó hasta el punto de señalar con la flauta transversal la partitura para que Krumm siguiera la línea melódica. Tomás aceptaba las amonestaciones con estoicismo, la humildad también es jazz.

A pesar de todo esto, la música cumplió su cometido, tocó las fibras delgadas del sentimiento, por muy cursi que esto pueda sonar (pero suena), hubo magia otra vez en el Amati. Los músicos se parecen a los arquitectos, tienen que ser duros y exigentes con los que están a su cargo, a veces levantan la voz, dan un regaño aquí y allá, porque saben que cualquier falla puede arruinar la estructura. El edificio se sostuvo, nadie salió herido en la noche más larga del año. La música tiene un plan, escribió Jacques Attali.

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