Aunque ande en valle de sombras… Tú estarás conmigo.

Said Soberanes

“Uno puede caer al abismo… Si me llevo a mi familia, pues qué caray, ¿pero dónde quedan mis sueños?” reflexiona un hombre del público en una sesión de preguntas al final de la función de El acompañamiento. Me confunde y perturba la reflexión, me cuestiono a mí mismo si entendí mal la melancólica pieza, pues la afirmación me encuentra por sorpresa del otro lado de la tónica de la historia que presenciamos – ¿Dónde queda el cuidado por quien me ama dentro de esa reflexión? ¿Qué lugar tiene la familia en la búsqueda de mis sueños? ¿No soy responsable de la felicidad de una familia que yo mismo forjé? –. Guardo silencio y alzo mi vaso para brindar, con esta función celebramos el cumpleaños del director y actor Alan Delgado, en estas líneas celebro también su presencia en el mundo. Regreso a mi casa de noche por las solitarias calles del centro de Morelia, y recapitulo la obra, la mastico y le doy vueltas.

La obra del reconocido dramaturgo realista Carlos Gorostiza cuenta la historia de Tuco, un hombre mayor que semanas antes de su jubilación decide renunciar a la vida que ha construido con su familia, encerrarse en un cuarto y seguir su sueño de ser cantante. Su amigo de juventud, Sebastián, le visita. Sebastián ha hecho de su sueño de tener una tienda su vida, para ello ha renunciado a tener familia alguna y vivir una vida solitaria. Ambos hombres miran en el otro la cúspide de una persona realizada, ambos se sienten incompletos. La obra le concede a la amistad el ser el único modo de conseguir que nuestros sueños tengan una función social.

La escena está sencillamente habitada con un par de sillas, una mesa y unos huacales, el pequeño espacio se ve con ello amplio en su dimensión, si bien eso permite a los actores franca movilidad, también pierde con ello algo del hacinamiento que menciona Sebastián, lo que si bien no es grave, sí le quita urgencia a la intervención de Sebastián.

La complicidad visible entre Alan Delgado y Ricardo Pérez Campos – en una clave humorística – provocarán que el texto melancólico del dramaturgo argentino, se lea en Morelia en una clave jovial, mucho más distante de la soledad sórdida que hace del desenlace de la obra un triste salvavidas, para concentrarse en la brillantez de la flama centelleante de la ensoñación.

Alan y Ricardo encarnan la fórmula del augusto y el carablanca, arquetipos del clown, en que ambos requieren del otro para jugar, y juegan desde el primer instante: Ni Sebastián parece particularmente angustiado por el comportamiento errático de su amigo, ni Tuco resulta preocupante o peligroso, son sólo la base desde la que los actores pueden permitirse interactuar. Si bien el resultado es divertido, dado que los actores interpretan con vigor y entusiasmo, la trama se diluye en el poema cómico que construyen los actores.

El construir un montaje cómico, lúdico, para un texto tan melancólico, puede ayudarnos a encontrar cosas novedosas en el texto, sin embargo, en esta ocasión la interpretación termina por ahogar al texto dramático que se lee como pretexto para divertir al público un rato, que con ese momento de diversión nos hemos distraído de la afirmación que esta obra logra, pese a todo, compartir: Que el acompañamiento, el amor entre amigos, el amor de tu gente, es más importante que el sueño que nos distancia y nos quiere arrojar entusiastamente al mundo en soledad. Uno más otros Teatro logra una obra divertida pero confusa que si bien nos arropa, no termina de generar catarsis.

La obra seguirá presentándose los martes de marzo en el Foro, espacio cultural; a las 20:30 hrs.

Obra: El acompañamiento
Compañía: Uno más otros Teatro
Dramaturgia: Carlos Gorostiza.
Adaptación y dirección: Alan Delgado
Asistencia de dirección: Gio Alcázar
Elenco:
Alan Delgado – Tuco
Ricardo Pérez Campos – Sebastián

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