Botas de lluvia suecas

Gerardo Pérez Escutia

Muchos creen que leer o escribir sobre crímenes y otros horrores nos insensibiliza o peor aún, de alguna manera conjura nuestro verdadero yo… nada más lejos de la realidad. Recordemos que Mary Shelley escribió Frankenstein en el centro de un juego de amistad e identidad intelectual.

La novela negra actual es en realidad un recurso con el cual, el escritor a través de sus personajes se mira a sí mismo y de paso nos invita a mirarnos a nosotros también, claro es una mirada dura y sin concesiones por los temas que aborda y la nueva NN nos brinda múltiples ejemplos de ello.

Henning Mankell es probablemente el mejor y más profundo escritor de novela negra nórdica. Como nadie, supo exponer las fracturas de la sociedad del bienestar y mirar en el individuo, sus miedos, su soledad y las ganas de vivir. El último libro de la serie de Kurt Wallander es un canto al otoño de la vida.

Ahora quiero hablar de este otro lado de la novela negra. De aquel que puede tomarse como un intento de limpiarse de ese “lado duro”, perverso, que muchos escritores toman de la realidad como un recurso de representar a la sociedad en su multiplicidad… Botas de lluvia suecas (Tusquets, Colección Andanzas ISBN 9786074218497) es el libro póstumo de Henning Mankell y de alguna manera refleja en su protagonista sus propias obsesiones, miedos y reflexiones alrededor de la muerte.

Fredrick Welin es un medico retirado de 69 años que vive solo en un islote. Un día lo despiertan las llamas que están devorando su casa, casa familiar construida por sus abuelos, a duras penas logra salir con vida del incendio y contempla desolado las ruinas humeantes de su vivienda, calzado únicamente con unas “botas de lluvia” (que ademas ambas son del pie izquierdo). Lo pierde todo y en este momento de gran desolación comienza la magistral trama de esta novela.

Al poco tiempo del incendio, lo visita su hija que vive en Francia , con quien mantiene una relación difícil y distante. Esta visita lo desconcierta, junto con el hecho que la Policía sospecha que él mismo provocó el incendio, lo tienen sumido en una profunda crisis.

Por si esto fuera poco, conoce a una joven periodista que lo inquieta, despertando en él sentimientos y sensaciones adormecidas, añadiendo más incertidumbre a su cotidianidad. En busca de una salida y tratando de encontrar respuestas a sus dudas existenciales comienza un proceso de auto análisis en el que repasa su vida, sus errores, fracasos, y sobre todo los sentimientos que le provoca la cercanía de la muerte.

Esta novela, más allá de cumplir las premisas del género (un misterio-una investigación-una resolución), es el marco que escoge Mankell para cuestionarse y que nos cuestionemos nosotros, acerca de temas fundamentales como la soledad,  la vejez, la muerte, el erotismo en la tercera edad, los errores cometidos… todo ello buscando saldar cuentas con la vida y tratando de entender el sentido de esta.

Con una economía de personajes y una técnica casi minimalista, Mankell construye una trama que nos compenetra en la difícil relación de Fredrick con su hija. Sin falsos sentimentalismos ni juicios morales nos muestra un mundo de personajes solitarios, (que corresponden como un espejo al archipiélago donde viven) y como, aún en ese mundo donde casi todos se conocen, hay un “criminal” que puede ser cualquiera de ellos.

Las novelas de Mankell -a diferencia de otros escritores de Novela Negra- se caracterizan por la dimensión “humana” que les da a sus personajes, tanto a los protagonistas principales como a los secundarios, dimensión que los hace ricos en matices y profundos ante nuestros ojos, haciendo que en ocasiones olvidemos la trama principal (el crimen) y encontremos páginas que describen la cotidianidad, dándonos una ventana privilegiada a la sociedad sueca -que en realidad puede ser cualquiera- donde se desarrollan casi todas sus novelas, no se distrae en lo escabroso, buscando siempre, en base a una aguda observación de los hechos, dilucidar el crimen o como en este caso ir mas allá aun, tratar de entender las preocupaciones y obsesiones de quien ya esta en el otoño de su vida y que se ve (gracias a un hecho criminal) cuestionándose todas sus certezas y cuestionando si la gente cercana a él, son los que dicen ser, si no ocultan pulsiones y comportamientos nunca percibidos por él.

Sin concesión alguna va desnudando a su personaje en toda su complejidad. Aquí no hay lugar para juicios morales, Fredrick emprende un viaje a su autoconocimiento y lo que encuentra no siempre es de su agrado.  Observa con una gran ironía los pasajes fundamentales de su vida, busca volver a vivir también una pasión otoñal con la certeza de que le quedan pocos años de vida añadiendo a su drama personal el temor a la humillación y el rechazo…

Este libro como casi todos en la obra de Mankell, esta teñido por la melancolía, tiene un sabor a despedida y a corte de caja. Con un estilo acabado, austero y sin estridencias nos compenetra en el drama de su protagonista principal, nos hace sentir sus temores, su culpas y su incertidumbre y nos hace cuestionarnos a nosotros mismos; como todo gran libro nos ayuda a vernos travez del espejo que nos brinda la historia, aunque no siempre nos guste lo que vemos ahí reflejado. Y, añadiría, nos muestra la gran complejidad que ha venido adquiriendo la novela negra contemporánea.

En estos tiempos de “corrección política” en donde las redes sociales son las nuevas “hogueras de la inquisición” en las que se sacrifica todo aquello que no obedezca a la visión maniquea y radical que buscan imponer algunos grupos (visión de la que no se salva ni el lenguaje) hace falta leer este tipo de libros, libros que nos recuerdan la complejidad de nuestra esencia. No somos seres unilaterales y si con muchos matices, y que gracias a ellos precisamente podemos crear, entender y hacer un mejor lugar de nuestro entorno vital.

Henning Mankell, además de su vasta obra como escritor de novela negra también escribió mucho sobre Africa (lugar en donde pasaba largas temporadas) y entrelazo su oficio de escritor con el de director de teatro y activista social. Sus libros mas conocidos son los de la saga del inspector “Wallander” que se convirtió en su _alter ego _ policía semi alcohólico, solitario, dueño de un temperamento melancólico e introspectivo, con serios conflictos existenciales que fue envejeciendo a lo largo de  sus 12 novelas.

Si no han tenido la oportunidad de leer su obra, este libro es una magnifica opción para comenzar.

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