Crítica a Somos Familia. ¿Cómo se es familia?

Said Soberanes

La semana pasada tuvo lugar la primera temporada de la nueva obra de Espacio Vacío Teatro, Somos Familia, con la participación de un largo elenco, siendo hasta la fecha el más grande que le he visto a la agrupación. En este montaje – el cual valga señalar que fue apoyado por el Programa de Estímulos a la Creación y el Desarrollo Artístico de Michoacán, PECDAM 2018-2019 – Gunnary Prado, quien funge como directora y dramaturga, vuelve a trabajar el formato de teatro para la didáctica escolar que ya había practicado en ¡Viva la Constitución! ¡Muera la Constitución!

Con ella, Prado explora esa idea de escenificar una serie de datos e información general sobre acontecimientos o temáticas científicas; si en ¡Viva…! exploró con la escenificación alegórica de los conceptos revolucionarios, en esta ocasión trata de utilizar la estrategia del teatro documental para construir una afinidad con el público: A la reflexión teórica se le contrapone una anécdota íntima donde el objeto de reflexión atraviese al personaje principal de la anécdota.

Hay por ello dos tramas en esta historia que se entrecruzan, por un lado, la narración de varios acontecimientos de la vida de Charles Darwin – que después se convierte en la historia de unos científicos –, como pretexto para hablar a profundidad de los conceptos de evolución y genética; por el otro, la historia de una niña, Perla – interpretada por Melina Lozano –, y su búsqueda por encontrar a la familia de una perra callejera, quien terminará por ser su compañera y se llamará Valiente – La perrita es una marioneta creada por Flaviana Moreno, quien obtiene vida de forma sorpresiva cuando es operada por su realizadora.

Este entrecruzamiento de historias da como resultado una reflexión sobre los orígenes genéticos de la cooperación entre especies y razas, una suerte de cooperativismo genético: Al contar con un antepasado en común, nuestros genes reconocen que somos familia.

Y en medio de la obra, un show musical juvenil sobre el antropoceno.

En Facebook, corrió hace unos días una crítica personal de un espectador de la obra – Rodrigo Torres – que, aunque con un lenguaje iracundo y poco atractivo para diálogo, tiene varios argumentos de peso frente a la estrategia elegida por Prado en esta obra, comentaré adelante algunas cosas de lo reflexionado ahí. Lo nombro para darle crédito por la reflexión que me generó.

La dramaturgia de la obra quiere ser, al menos, 2 cosas al mismo tiempo (Teatro para niños e instrumento didáctico) y no se da el tiempo de ser ninguna de ellas con claridad, como instrumento didáctico es atractivo para el debate, dejándonos con un mayor número de dudas que con certezas científicas, mas como teatro para niños, erra en su uso de un lenguaje afín y recurre demasiado a su función didáctica.

Al intuir estas fallas, la obra tiende a hacer uso de la espectacularidad con coreografías diseñadas por la coreógrafa Alina Contreras, en ellas la energía de las participantes es patentemente dispar, por lo que el buen diseño que Contreras pone al servicio de la obra, se reconoce en el trazo, mas no en la ejecución.

Y en medio de la obra, con una espera de un minuto y medio para que comience y un tiempo igual para continuar la obra, un show musical juvenil sobre el antropoceno.

El trabajo actoral tampoco consigue equilibrio dentro de la obra, las escenas de Darwin – Un Rodrigo Bejar bien equilibrado con sus compañeros de escena, Pablo Tena y Luis Enrique Betanzo – se sostiene en su ritmo lento, gracias a la complicidad de los actores; pero la historia de Perla se entorpece cuando reconocemos a las actrices rescatando la escena luego de olvidar sus parlamentos.

La principal dificultad que tiene el experimento de Espacio Vacío es el poco tiempo que se toma en adecuarnos como público al tipo de lenguaje de la obra, o quizá el poco tiempo que la obra se toma en cada tipo de lenguaje que usa en escena: Pasamos de teatro negro, a una pieza, a una comedia, a un show musical, con actuaciones formales, luego improvisadas, otras físicas, y las titiritiles cuando son necesarias. Ninguno se siente como el tono principal, pero tampoco se siente una pluralidad horizontal de tonos, es más bien un pastiche.

Y en medio de la obra, un show musical juvenil sobre el antropoceno que duró 3 minutos, para ofrecer animadamente una triste reflexión sobre la actualidad, pero que le toma otros 3 minutos entre preparar y desmontar, y así nos pierde del interés que ya teníamos construído con la historia (Perdónese y permítaseme esta disgresión personalísima y subjetiva, pero sufrí terriblemente con esta escena y sus transiciones, las 2 ocasiones que pude asistir a ver esta obra).

Lo que no consigue ser como teatro para niños, sí consigue ser como espacio de reflexión, y estrategia didáctica madura: Dos espectadoras adultas tras de mí, murmuraban apuntes a los temas expuestos en la obra, yo mismo me encontré discutiendo con el esencialismo gregario que supone el concepto de cooperación genética; como adulto entendía el argumento racional de Gunnary y salí de ahí a leer sobre genética. El instrumento didáctico que sigue generando Espacio Vacío funciona mejor en gente adulta que en la infancia.

Los títeres de Flaviana Moreno, así como la ilumniación de Gabriel Ramírez se aprecian ricos en recursos, creando en varias ocasiones imágenes memorables, aunque la mayoría de las veces se les relega a una función de ambientación.

Quiero concluir nombrando el mecanismo publicitario que eligió Espacio Vacío para esta obra, donde en lugar de saturar el espacio con imágenes de la obra, dedicaron varios días en promover el trabajo y los servicios que ofrecen varios de los participantes; para así usar la publicidad de una obra sobre cooperativismo genético, en hacer cooperación publicitaria con la situación concreta de vida de sus integrantes. Reconocer que la obra se origina aplicando las conclusiones que la obra muestra resulta por demás interesante, tanto así que me encantaría escuchar sobre ese proceso de organización grupal – que como verán en los créditos es un grupo amplio y numeroso – y las formas de colaboración, como el buen ejemplo de la idea de que Somos Familia.

Somos Familia

Dirección escénica y dramaturgia: Gunnary Prado Coronado
Asistencia de dirección: Melina Lozano
Dirección coreográfica: Alina Contreras
Diseño y realización de escenografía: Ana Lourdes López
Diseño y realización de títeres: Flaviana Moreno Herrera
Diseño y realización de ilumnación: Gabriel Ramírez
Diseño y realización de vestuario: Ben Hadad Gómez
Diseño gráfico: María Soledad Arriaga Villagómez
Asistencia de escenografía e iluminación: Alejandra Sotelo Barriga
Producción escénica: Espacio Vacío Teatro
Mezcla de audio y grabación: Rodrigo Béjar

Elenco

Melina Lozano: Perlita
Sandra Meneses: Mamá de Perlita
Flaviana Moreno: Médico Veterinaria
Rodrigo Bejar: Charles Darwin / Teodoro
Pablo Alejandro Tena: Charles Lyell / Gregorio
Luis Enrique Betanzo: Joseph D. Hooker / Tomás
Alina Contreras, Jessica Ochoa y Ana Contreras / Bailarinas


*Imagen de portada: Tomada de redes sociales

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