Cuerpo y escucha. Crítica a Muchas señas, 4 historias.

Said Soberanes

El transporte público que me dejará cerca del foro La Ceiba trae también a una madre que conversa con su pequeño infante; la madre le niega un refresco de cola, y el niño comienza a reclamarle, trémulamente cercano al berrinche – Es que no me escuchas, tú no me estás escuchando – la afirmación me estremece, pero no distingo los motivos. Llego tarde, apenas alcanzo a entrar con mi reservación, me coloco en primera fila. La obra que veré se llama sencillamente Muchas señas, 4 historias.

Producida por la compañía Taxindi, teatro de sordos, la obra tiene como escenografía una telonería que construye una caja negra y una silla. La música será un ragtime que se repetirá durante toda la representación sólo para crear un ambiente general, así como la iluminación que se dedica a hacer visible lo que sucede en el escenario. Puede apreciarse que el director Luis Antonio Ávila ha optado por no aportarle al espacio escénico más que lo solamente necesario para generar el encuentro.

El montaje es un ejercicio didáctico para introducir al espectador en el lenguaje de señas mexicano (LSM), donde primero se aprenden un grupo de señas que luego se pondrán en juego en una pequeña historia, nos sirve de guía Lupita Velázquez, actriz sorda, que nos abre un lugarcito en un mundo casi desconocido para nosotros; este sistema se repite en 3 historias distitnas – el León, la pelea, la bruja sin manos -, cada una de ellas es ligeramente más sórdida que la anterior. La cuarta historia – las dos últimas flores del mundo – es una oscura fábula que se nos relata usando señas conocidas y desconocidas, que estamos dispuestos a aprender y experimentar.

Las historias se construyen entre alguno de los actores oyentes – Iván Yáñez y Brenda Estrada – y Lupita Velázquez, por medio de la pantomima. Esa técnica teatral permite construir un espacio corporal coherente entre ambas experiencias de mundo – la oyente y la sorda – que facilite la asimiliación y comprensión de la otra.

Las condiciones establecidas para la presentación harán desestimables los calificativos sobre su belleza, la obra no está diseñada para ser un ornamento o un monumento a lo bello, esta obra es un artefacto cultural vivo cuya función radica en poder crear las condiciones afectivas necesarias para aceptar y acceder a la experiencia de otra persona.

Al recortar las distracciones ornamentales en la escenografía y el vestuario, Ávila logra que la atención se dirija a los cuerpos en acción, dejando la responsabilidad en la eficiencia de este artefacto en las actrices y el actor, quienes están a la altura de esta responsabilidad creando 4 historias entretenidas y sobre todo útiles para conseguir nombrar aquello que no reconocía en el hijo de la mujer del transporte público que mencionaba al principio. Escuchar.

La escucha es una disposición que ambas partes reconocen y conceden, yo puedo reconocer cuando alguien me escucha o cuando no, pero ese reconocimiento no es auditivo, la escucha es una disponibilidad corporal a percibir al otro y otra en sus términos. El niño reconoce que su madre no está dispuesta a escucharle, por más que él suba el volumen de su voz.

La compañía Taxindi logra construir con sus cuerpos, en un brillante uso de la pantomima, un espacio de disponibilidad en el que no importa la grandilocuencia ni la parafernalia del espectáculo teatral, sino lograr el pequeño y sencillo acto público de escuchar, tan claramente como la de Brenda e Ivan, la voz de Lupita.

Taxindi se volverá a presentar con la obra Tsame, la magia de los nombres, en el foro La Ceiba, 8 y 9 de marzo de 2019.

Obra: Muchas señas, 4 historias

De: Compañía Taxindi

Dirección: Luis Antonio Áviles

Elenco:
Lupita Velázquez (actriz sorda)
Brenda Estrada (actriz oyente)
Iván Yáñez (actor oyente)

Creativos y realizadores:
Asesor musical: Lyan Luchowsky
Diseño de cartel: Bárbara Cortázar

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