Domingo de Ramos bajo el sol

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Las palmas no pararon de tejerse con rapidez, ya fuera en forma de cruz o trenzadas, con una rama de olivo o un racimo de manzanilla, salieron una tras otra este caluroso Domingo de Ramos. Tampoco faltaron las palmas virtuales que llegaban intermitentes a los celulares.

“¿A cuánto la palma? ¿A cuánto?” Preguntaban sin parar a las vendedoras de palma que terminaban una cuenta para comenzar otra: “Espéreme y le digo, esas de ahí están a 20 pesos las de acá a 50, déjeme acabo de dar un cambio aquí y la atiendo”.

El centro se llenó de turistas, fieles católicos y vendimias sobre la cerrada de San Agustín; el plantón afuera del Hotel Virrey de Mendoza tampoco quedó fuera, permaneció inalterable con sus pancartas en exigencia de justicia y vendiendo pozole.

En la plaza Benito Juárez un vendedor de Bon-Ice atendía a su clientela sin soltar su cruz de palma, pasos más adelante turistas posaban junto al cañón antiguo y los soldados virreinales que tomaban relevos para descansar del intenso sol que calentaba su armadura.

Un grupo de personas buscaba regalar abrazos acompañados de una bocina que tocaba “La Chona” en la Plaza de Armas, pero hubo resistencias, los abrazos no se dieron como esperaban, su alegría resultaba engañosa para los transeúntes, pocos se emocionaron igual que ellos.

Con los templos repletos y las palmas benditas que se llevaban lo mismo en los bolsos que en la mano, bajo el brazo o donde se pudiera, daba inicio la Semana Santa.

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