Don Pulmón contra Mastuerzo

Caliche Caroma

Hay un chorrito de luz aquí
ven conmigo a darte un trago
Paco Barrios

Los acontecimientos narrados a continuación sucedieron el 17 de julio de dos mil diecinueve, en la Escuela Normal de Educación Física. Poca gente sabía que Francisco Barrios, mejor conocido como el Mastuerzo, estaría en Morguelia, lo habían invitado para el XVI Educador Popular (SNTE/CNTE) y él había dicho que sí, va que va. Viajó desde la trémula CDMX. Llegó temprano, antes de que las señoras de las garnachas y las aguas de jamaica pusieran sus puestos para deleite del magisterio.

A las once de la mañana prometía el cartel que El Mastuerzo comenzaría a tocar, pero nuevamente la publicidad y sus engaños hicieron de las suyas. Dieron las once, once quince, once y media, once cuarenta y cinco, once cincuenta y cinco, un señor muy propio se acercó al músico de ayer y hoy: “Ya casi le toca”. Paco agarró su lira y subió al templete, afinó, acomodó el micro, la altura de la base, el tradicional rebozo rockero. Los discursos giraban entorno al compromiso del educador con los chamacos: “Compañeras y compañeros, tenemos una responsabilidad muy grande…”, la espera nuevamente.

Doce y quince del día, doce y media, doce cuarenta y cinco, Paco Barrios decidió bajar del escenario y salirse del auditorio de usos múltiples para echarse un cigarrito. Ahí fue donde las cosas se descompusieron, se echaron a perder. Uno de los maestros que ya se sabía de memoria la perorata estupefaciente de sus compañeros, la hacía de policía antitabaco, camisa color mamey, libros en la axila, casquete corto. Don Pulmón, nombre que protege la identidad del sindicalista y ecologista, protagonizó uno de los momentos más violentos del rock nacional.  

Paco Barrios prendió su tabaco, quería relajarse por tanta espera desesperanzadora, y don Pulmón lo vio, seguramente pensó “Ahorita va a ver este mugroso”, seguro de sí mismo le reconvino de esta manera: “Los compañeros hicieron el llamado para que no se fumara, el humo se mete al auditorio, camarada”. El Mastuerzo, famoso por no dejarse de nadie, y después de darle unas chupadas a su pitillo, contestó con amabilidad: “Son un xhingo, repártanse el humo entre todos”. Don Pulmón, ya envalentonado, citó palabras que supuestamente el exBotellita de Jerez había pronunciado: “Amarás al prójimo como a ti mismo, eso acaba de decir usted en una entrevista”; Barrios respondió con sorna y asegurando que la onda esa del amor entre compas no lo había dicho él: “Dios no existe, pero cómo estorba”.

La discusión comenzaba a ponerse teológica, don Pulmón, que no había dicho ni pío a las decenas de fumadores que en los pasillos estaban, sabía que no le iba a ganar Barrios, boxeador social, así que el altercado finalizó con un imaginario apretón de manos, un abrazo inexistente y la promesa de que pronto la situación sentimental del país mejoraría. Llamaron al Mastuerzo, era hora de comenzar a tocar, a lo que truje, Chencha. Subió, agarró su guitarra y cantó sus canciones ante un público sui generis: “Se educan los perros, hay que enseñar a compartir, además les voy a pedir a los de allá atrás que guarden silencio, sólo tienen permitido reírse y aplaudir”.

Soltó dos que tres choros mareadores ante una concurrencia que ya se moría de hambre, muchos habían viajado desde sus lejanas comunidades con la esperanza de que el comité organizador los recibiera con unos ricos tacos de carnitas, pero en su lugar hubo Mastuerzo, ¡chale! Al terminar la tocada, la gente se abalanzó sobre el artista fundador de Los Nacos: “Paco, una foto para mi abuelita”. El momento estelar de la tarde se lo llevó un maestro marxista perredista que se acercó al ídolo de Coyoacán y le preguntó: “¿Tú eres el Llanero Solitito, verdad?”. El compañero profesor confundió a Enrique Cisneros Luján con Francisco Barrios, vio canas y greñas y quiso verse conocedor, faltaba más. Mastuerzo sonrió, ¿para qué romperle la ilusión o la madre? “Sí, uei, lo que tú digas”.

¿Qué pasó después?

Según información oficial, Mastuerzo fue llevado a un tugurio de la colonia Prados Verdes en donde comió, tomó algunas chelas (no muchas) y fumó todo lo que quiso, sin que don Pulmón le reclamara o alguien lo confundiera con Diego Ceballos. En este lugar, Paco prometió regresar a tierras michoacanas, no dio fechas, sólo dejó abierta la posibilidad de un próximo encuentro, su hasta luego fueron las siguientes palabras: “Este es un vuelo de fumadores/no hay que abrocharse los cinturones”.

Deja un comentario