¿Dónde están las cebras?

Jesús Alveano H.

Cuando uno se moviliza a pié por las calles, suele tener que cruzarlas en alguna esquina. ¿Así se ha establecido no?

Bueno, pues no siempre se puede lograr con facilidad, debido a que un vehículo impide el paso;  o porque duró poco el alto; o porque alguien se pasó sin verlo a uno; o porque nadie pensó que por allí, pasarían peatones. 

Esta especie en extinción, se mueve sin necesidad de gasolina o diésel; no usa claxon;  no tiene defensas; no paga refrendo (¿debería?) infracciones, ni multas ni recargos; no tiene derechos…(¿o si?); no existe, para fines prácticos.

Estos aspectos, parecen las ideas de automovilistas, choferes de combi, de urbanos, motociclistas, ciclistas y hasta de peatones “conscientes” de que -los automotores-, tienen derecho a usar el espacio público en beneficio privado, sin los obstáculos que significan otros manejadores, vehículos de segunda categoría, sillas de ruedas,  minusválidos o viandantes, ni reglamento de tránsito.

Se trata de derechos adquiridos porque… porque… porque sí.

Porque para eso consiguieron licencia; pagaron su boleto; hicieron fila; subieron a un taxi; compraron auto; para dominar la Tierra y enseñorearse de ella.

Así es como piensan (¿o deberían?) pensar quienes NO son transeúntes: la calle es de ellos (en singular); su tiempo es el más valioso; su necesidad es la primera; su esfuerzo es el mejor; su coche precisa vía libre; su dinero lo vale.

En una excursión por la selva de que se habla, se pudo a examinar cruceros de Iretiticateme, Solidaridad, Ventura Puente, Camelinas, Arriaga Rivera y Boulevard García de León. Sorprendentemente, casi no se vieron personas caminando: o no estaban a esas horas, o iban corriendo para poder alcanzar la otra acera y uno se pregunta ¿dónde están las rayas, que se inventaron para facilitarle la vida al viandante?

Bueno, pues o no existen, o están parcialmente borradas o están siendo pisoteadas por los automotores de todas clases, que invaden esa franja exclusiva para quienes ocupan sus zapatos para trasladarse.

Entonces, surge la interrogante: ¿por qué no están todas las cebras que se necesitan en las bocacalles?

Puede haber varias razones.

“No hay presupuesto” o “ya se borraron” o “esa esquina no las necesita” o “ninguna ley lo exige” o “el auto es primero” o “los peatones no cuentan” o simplemente “quién sabe”.

Le suplicamos al lector, que subraye la respuesta correcta (puede haber más de una o todas juntas) y que –la próxima vez que se atreva a la aventura de gastar sus alpargatas-, considere lo anterior, además de pensar en que las banquetas son muy estrechas, o tienen muchos desniveles, o están manchadas por heces de animales domésticos, o están disparejas o sencillamente, no existen.

Bueno, pensándolo bien, también podría quedarse en ese lado de la calle o no salir de casa.

Agradeceré sus comentarios a: jesusalveano@gmail.com

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