Dr. Placebo y perrito

Caliche Caroma

El “Primer Encuentro de Performance” comenzó el 31 de mayo, tuvo su inauguración en el Museo de Arte Cómico Alfredito Zalce, alias MACAZ, por sus siglas en spanish language; este periodista de cuarta transformación estuvo en la segunda sede, el perfumado tugurio Tacamba, barecito que está en la calle Guillermo Prieto esquina con la famosa Eduardo Ruin (sic).

Alrededor de las ocho treinta de la noche dio inició la tertulia, sí, tertulia porque en realidad el performance fue lectura de poemas y presentación de videos experimentales, eso sí, a cada uno le daban su reconocimiento o diploma o constancia o no sé qué papelito que incluía aplausos respetuosos de los alcoholizados asistentes. Cigarros a cinco pesos, la mesera muy atenta y el ventilador se apagó como a las nueve de la noche porque hacía frío.

Organizado por Calixto Villaseñor, músico e intelectual que hace antropología en los antros menos fifís de la ciudad canterosa, este “Primer Encuentro de Performance” gozó de nutrida convocatoria, el Tacamba se llenó completamente, olía a meados y afuera llovía, los diez pilares que decoran el lugar dejaban ver muy poco. Los participantes nerviosos, temblaban mientras leían sus creaciones, algunas realmente buenas, otras demasiado políticas, verbigracia, uno de los performativos nos deleitó con una “Oda a Obrador”.

No me quedé a todo el evento, porque enfrente sonaba Colectivo Kalako 48, esa noche se presentaron en el Espacio Cotacum, también en la calle Guillermo Prieto, pequeño foro que vende deliciosas pizzas, empanadas, chelas y mezcal de contrabando (¡aguas ayuntamiento!). Salí del Tacamba por los baños, neta, y el dueño me dijo que me iba a mojar, y era cierto, me mojé los tenis.

En el Espacio Cotacum sí hubo performance. Ya habían terminado cuando ingresé, pero en un acto de solidaridad etílica, los músicos se aventaron otra ronda, yo me tomé otra(s) ronda también. El Colectivo Kalako 48 tocan música gitana, el violín, batería, guitarra y contrabajo hacen que uno se sienta como en Rumania o en alguna provincia turca, algo así como el Mărţişor pero en el último día de mayo. Y entonces, tatatatá, llegó Placebo, un chavo moreliano que actúa, hace malabares y siempre anda con perros igual o más flacos que él.

Placebo sacó sus ocarinas y flautas. Tocó con los músicos, a pesar de que estos lo callaron varias veces porque no sólo estaba desafinado, sino que iba a su propio tempo y todo era un solo para él. Hubo empujones, groserías y hasta chelas gratis para el Placebo. Mientras tanto, su perrito pit bull (marca registrada) dormía la siesta y sólo se levantaba para comerse los restos que los clientes tiraban al suelo. Entre el relajo y la molestia, llegaron otros músicos que le dieron un giro a la noche para tocar sones de Tierra Caliente. Placebo también soleo en “El gusto federal” y “El relámpago”. Gran noche para este improvisado músico y experto en hacer enojar a los demás.

Considero que los nombres estuvieron equivocados en ambos eventos, lo del Tacamba debió llamarse Colectivo Calako, por flacos en sus interpretaciones, aunque insisto, algunas de muy buena calidad; y lo de Espacio Cotacum tuvo que llamarse “Primer Encuentro de Performance Dr. Placebo y perrito”, a las fotos me remito. He dicho.

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