El Antiguo Convento de San Agustín, patrimonio olvidado

Joselia Cedeño Paredes

El antiguo convento de San Agustín forma parte del conjunto religioso que fue  construido a finales del siglo XVI[1] junto con el templo y el atrio, concluyéndose hasta el siglo XVIII al finalizar la edificación de la segunda planta. Su fachada, ubicada en la calle de García Obeso, es una portería contigua a la portada principal del templo. Destaca por su sobriedad y elegancia, se integra de cuatro arcos de medio punto con jambas molduradas, entre los cuales se colocaron cinco pilastras toscanas sobre las que descansa un entablamento. La parte superior correspondiente a  la segunda planta del edificio, presenta ventanas con arco conopial y un remate.

Portada del convento agustino.

Ejemplo de las edificaciones del siglo XVI, cuenta con elementos con influencia medieval como los contrafuertes de grandes dimensiones que se encuentran en el patio interior del convento. Los pasillos del primer piso presentan techos con bóveda de cañón que confluyen en sus esquinas formando nervaduras que eran propias del estilo gótico y de uso recurrente en las primeras edificaciones novohispanas.  

Es interesante también, los vestigios de pintura mural que aún se conservan, así, en la parte superior de los muros de la primera planta se tiene una cenefa monocromática (blanco y negro) realizada bajo la técnica del fresco y que muestra figuras fitomorfas como hojas de acanto y coronas sostenidas por grutescos. Se encuentra además un relieve hecho en madera, policromado y dorado que representa a la Virgen María y el niño Jesús. En los muros de la segunda planta también está una cenefa decorativa pintada en rojo.[2]

Detalle de la pintura mural que se encuentra en la primera planta del convento.

Algunos de los frailes que participaron en la construcción de este edificio fueron fray Juan Bautista Moya, fray Diego de Basalenque a quien se le atribuye la cúpula, sacristía del templo y parte del convento, y fray Marcos de la Fuente quien construyó parte de las celdas y dormitorios.[3]

Relieve realizado en madera, policromado y con hoja de oro.

Entre los personajes relevantes que vivieron en este convento estuvieron; fray Diego de Salamanca quien fuera el primer prior, fray Juan Bautista el cual trabajó en Tierra Caliente y del que se conservan sus restos en el templo de Morelia, fray Alonso de Alvarado  que fue el segundo prior del convento, fray Gerónimo Marín quien participó en la evangelización de China, fray Francisco de Acosta dos veces prelado de este convento y del que se conservan sus restos en dicho sitio,[4] fray Diego de Basalenque el cual destacó como cronista, músico, conocedor del griego y hebreo y maestro de filosofía,[5] fray Juan Vicente quien a la postre partió a Charo a expandir la evangelización agustina, fray Cristóbal Plancarte el cual se  trasladó luego a Celaya a difundir el evangelio y  Fray Felipe de Figueroa quien fue designado a Yuriria[6], además de otros tantos que se encargaron de expandir la orden franciscana en territorio michoacano.

Detalles de algunos deterioros de la portada; faltantes de material pétreo, presencia de hongos y de plantas superiores.

Por todo lo referido, este edificio tiene relevancias históricas y estéticas suficientes para catalogarse como bien cultural y preservarse, sin embargo, es evidente que la obra presenta severos deterioros que están condicionando su conservación a largo plazo. Desde de la fachada del mismo se puede observar como varios elementos de cantera tallada que componen la base de las pilastras han perdido parte de su material original y otras se encuentran fracturadas. También se ha perdido material de las juntas que unen las piedras y en la parte superior se han desarrollado hongos, líquenes y plantas. Además, uno de los arcos fue tapiado con un muro de ladrillo pintando en rojo, y los otros tres presentan puertas de madera que ya requieren mantenimiento, por consiguiente dan un aspecto descuidado y sucio. 

Detalles de algunos deterioros de la portada; faltantes de material pétreo, presencia de hongos y de plantas superiores.

En lo referente a la pintura mural, presentan suciedad, manchas, escurrimientos producidos por la humedad (se desconoce si actualmente hay problemas de filtraciones de agua de lluvia), gotas de pintura, faltantes de policromía y grietas de aplanado, siendo evidente que no se tiene un plan de conservación y mantenimiento para dicho bien cultural.

Ejemplo de las manchas y de los escurrimientos que presenta la pintura mural.

Vale aquí la aclaración de que, independientemente del uso que tenga este espacio, constituye parte del patrimonio cultural de los morelianos y por consiguiente se tiene la obligación de su restauración y conservación. Es además un inmueble que se encuentra en el centro de la ciudad, el cual fue designado como patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO en 1991 siendo una razón más para que sea preservado en buen estado material.


Joselia Cedeño Paredes (Morelia, 1981). Licenciada en restauración de bienes muebles.


[1] El franciscano Alonso Ponce refirió que en 1585 se estaba construyendo el convento agustino. DÁVILA Munguía, Carmen Alicia, Una ciudad conventual: Valladolid de Michoacán en el siglo XVII, H. Ayuntamiento de Morelia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, 2010, p. 96.

[2] No fue posible acceder a esta planta por tratarse de un espacio privado.

[3] ESCOBAR Mathías, Americana Thebaida, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, 2008, p. 331.

[4] Ibíd. p. 333.

[5] Crónicas de Michoacán, UNAM, México, 1991, p. 53-55.

[6] ESCOBAR, op.cit.

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