El blues te obliga a no ser un imitador: Juan Carlos Cortés

el artefacto

“En Estados Unidos fueron esclavos y en México no es que no los hubiera, aquí hay clases sociales marcadas, donde se van discriminando unos a otros, esa sensación de soledad. Copiar la música en inglés está muy bien, pero requiere mucho trabajo. Sentirte negro, no. Sentirte estadounidense, tampoco. Lo que caracteriza a esta música es que te obliga a tener tu propio sonido y si no lo tienes eres un imitador”, señala Juan Carlos Cortés González, uno de los bluesman de la ciudad, oriundo de la capital michoacana (1977), quien cuenta que creció en la colonia Tierra y Libertad, en un núcleo familiar muy unido.

Es en compañía de sus cinco hermanos varones con quienes recuerda haber aprendido a pelear, lo mismo que a jugar futbol, pero de entre ellos, él tendría un espíritu más creativo que se destacó en el ritmo del baile y la música. Ha  grabado tres álbumes: Blues a tiempo y contratiempo (2008). Blues Machine (2012) y Cover Me (2018), que actualmente promociona.

Era el niño del bailable

“Todos éramos una familia muy unida porque dormíamos en el mismo cuarto, pero en nuestros pensamientos infantiles el concepto de pobreza no existía, éramos niños felices, jugaba a la pelota, aprendí algo de artes marciales porque vivía en un barrio bravo, aunque cuando nos peleábamos no era a muerte. Recuerdo que en la primaria me ponían al frente para los bailes: la Danza de los Viejitos, Veracruz, Yucatán, bailé de todo, no tenía para los útiles (escolares) pero sí para el vestuario”.

Es en el Centro de Educación Artística Miguel Bernal Jiménez (CEDART), donde por fin intercambiaría el ritmo del baile por la melodía de la guitarra en lo que llama un “encuentro mágico”.

“En CEDART me enfrenté al mundo donde los chavos eran hijos de artistas. Encontré a Salvador Carrillo, Tonatiuh Mercado, a Margarita Vázquez y su hija Ivonne Monreal, por ejemplo, y una vez tuve que elegir un instrumento y pensé que el piano era muy caro; yo tenía una guitarra en casa y desde entonces es mi mejor amiga. Me puse a practicarla y fue un encuentro mágico, el primer día que la toqué, me salieron tres melodías con aquella naturalidad. Mi maestro me dijo, ´¡Creo que esto viene contigo!´, le canté canciones de Leo Dan a mamá. Al poco tiempo empezamos a tocar con Moisés Bedoya en la calle, rondallas, iglesias, camiones… Estaba claro: ¡seríamos músicos!”.

Cerca de los 18 años, en el Conservatorio de las Rosas conoce a guitarristas de la ciudad como Daniel Madrid, Miguel Ángel Castellanos o Juan Carlos Luna, además de que entre sus compañeros había los que llegaban desde Sonora con cassettes y discos compactos, como el Unplugged de Eric Clapton. “Ahí vienen varias canciones acústicas, me esforcé mucho y dije ¡quiero tocar blues!”. Descubre a Robert Johnson. Con el boom del internet Cortés González encuentra  a otros artistas y  Yuri Nilo,  compositor, le regalaría su primer CD de Gary Moore, que en un inicio sería su influencia.

En un viaje a Estados Unidos, su pareja desde entonces y hasta ahora le compraría allá un libro con lo mejor de guitarra de blues, texto que considera un tesoro. A los  21 años compra su primera guitarra electrónica, un amplificador y deja lo acústico para tocar blues.

DBB a Barbiquiu

En el conocido León de Mecenas, ya desaparecido, encuentra a unos camaradas con quienes tocaría blues y arman su primera banda, DBB (Desmadrosa Blues Band), era el bajo de Sergio “Pacheco”, el saxofón de Ulises Cacho y él en la guitarra eléctrica. “Esta primera banda aunque sonaba interesante, fracasó”.

Con el “Moy Bedoya” y otro amigo nace la banda Barbiquiu, bautizo por la agrupación mexicana Follaje, “una noche le digo a Jorge, el de la armónica de Follaje que quiero tocar blues y yo le llevaba cervezas, unos tragos y, nos bautizan como la Barbiquiu por barberos. Después les abrimos conciertos y más tarde también a Betsy Pecanins”.  

En algún momento escucha al guitarrista Stevie Ray Vaughan, a quien considera su pasión. A  Morelia llega el primer Mix Up y ahí encuentra las partituras de su artista, toca todas sus rolas pero “los que empezaban a ser críticos de blues me decían: si están bien las notas, pero le falta feeling”.

Sólo Enrique Abarca, de La Granjamona, le decía que lo que tocaba estaba bien, pero le faltaba “algo”. Entonces Miguel Enríquez, baterista de Follaje, llega a Morelia, y “me impulsa a crear una banda de blues. Con Sergio ´Pacheco´, Rene Monter Rubio y yo hacemos el ensamble Venado Azul”.

Llega la era de los discos grabables, con tecnología  y 5000 pesos graba con su banda el álbum La barbiquiu: después nace  el disco Proyecto Blues. “Con eso empezamos a  entrar al sistema michoacano de Radio y Televisión y Radio Nicolaita”

Sería Margarita Vázquez Díaz quién lo convence de participar por recursos del Programa de Apoyo a la Cultura Municipal y Comunitaria (PACMYC), y así surge Blues a tiempo y contratiempo en el 2008, con la idea de hacer un blues en español. La presentación de este disco se realiza en el Teatro Ocampo.

La  segunda producción es Blues Machine, (2012) que grabaría con su banda actual, homónima del disco. Entonces inician las participaciones en los festivales en la Ciudad de México como el del Centro Cultural José Martí, el Festival del Chopo, en Salvatierra, Guanajuato, el Salva Blues, Queretablues en Querétaro, y en la Feria de San Marcos de Aguascalientes.

El disco más reciente es Blues Cover Me, producido en octubre del 2018 en el Festival de Jazz de la Universidad Vasco de Quiroga.

2 comentarios sobre “El blues te obliga a no ser un imitador: Juan Carlos Cortés

  • el 12 marzo, 2019 a las 5:12 am
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    Me agradó mucho este artículo y también el hecho de que maneje una escritura tan fluida, la cual llegue a atraparte y no te permita suspender su lectura.

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  • el 12 marzo, 2019 a las 11:20 am
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    ¡Once años ya de conocer a Juan Carlos Cortés! Vaya, sí que se pasa pronto el tiempo..

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