El frío de la muerte

Horacio Cano Camacho

Estoy escuchando en estos momentos la voz melancólica de Emmylou Harris interpretar –en una manera que inhibiría al propio John Lennon de volver a cantarla- la canción legendaria “Here, there and everywhere. Mientras la escucho, pienso en Charlie Parker alejándose triste y marcado por el dolor, pero íntegro.

Y es que Parker es así. Un tipo duro, inteligente y despiadado cuando debe, pero justiciero, sensible, honesto, solitario y muy sagaz. Cualidades que marcan a uno de los mejores protagonistas de la novela negra contemporánea. Desde su aparición en Todo lo que muere (primera entrega de la saga de John Connolly), quedó marcado por la tragedia, el dolor y la rabia.

Charlie Parker es homónimo de Bird, uno de los más grandes músicos del jazz, pero a nuestro Parker no le gusta el jazz. Tiene una enorme empatía por el débil, por aquel sobre el que se ceba la injusticia. En su último libro le dice a su suegro que le reclama su forma de vida y sus actividades “Lo hago porque tengo miedo de que, de no seguir, nadie lo hará. Sigo porque, si lo dejo, otro sufriría lo que yo he sufrido. Sigo porque es una válvula de escape para mi rabia. Sigo por razones que ni siquiera yo entiendo…”.

El asesinato de su mujer y su hija a manos de un psicópata mientras él se emborrachaba, lo convierte en un hombre en busca permanente de redención. Tiene dos amigo, Angel y Louis, dos estupendos personajes, bandidos, violentos, asesinos profesionales, pero encantadores, leales. Uno negro (Louis), elegante, culto y educado. El otro (Angel), ladrón y expresidiario. Ambos son una pareja gay y el perfecto contrapunto de Parker.

John Connolly (Dublín, 1968) creó uno de los personajes más complejos de la novela negra actual y una saga de los más exitosa. Hasta el momento esta se compone de dieciséis títulos:  Todo lo que muere; El poder de las tinieblas; Perfil asesino; El camino blanco; Más allá del espejo; El ángel negro; Los atormentados; Los hombres de la guadaña; Los amantes; Voces que susurran; Cuervos; La ira de los ángeles; El invierno del lobo; La canción de las sombras; Tiempos oscuros y salido apenas esta semana El frío de la muerte. Todos editados en español por TusQuets.

El estilo de Connolly desde el primer libro llamó poderosamente la atención de la critica por su calidad narrativa, la complejidad de las tramas, un gran despliegue de personajes y un peculiar roce con lo sobrenatural, los fantasmas, las apariciones y los muertos sin reposo. Connolly lo atribuye a su origen irlandés, donde las historias de fantasmas son de los más normal. Pero constituye un estilo atractivo e inquietante que perfectamente puede situarse dentro de las novelas de terror mezcladas con lo criminal.

Todas sus historias se ambientan en Maine (EUA) y zonas circunvecinas. A los ojos de los extraños, como nosotros, se trata de unos parajes idílicos llenos de bosques de cuento navideño y pueblos encantadores, pero que esconden algunas de las peores taras sociales. Juan Carlos Galindo, crítico de novela negra de El País, dice que agradece que Connolly situé sus historias lejos de España porque ciertamente son terribles y es que el escritor afirma que se inspira en la lectura de las noticias que le llegan de esas tierras.

Connolly a través de Charlie Parker, analiza libro a libro algún tema del mundo criminal norteamericano como las sectas, el trafico de niños, los coleccionistas extremos, etc.  Pero en particular se centra en la abundancia de grupos que sostienen creencias pararreligiosas en Estados Unidos, quienes rosan con mucha frecuencia el crimen vistas sus interpretaciones fundamentalistas del mundo. Deberíamos desconfiar del lector de un solo libro, y más del lector fanático que ve la realidad solo a través de su personal interpretación.  

En su libro más reciente El frío de la muerte (TusQuets, 2019, isbn 9788490667163), Charlie Parker investiga, bajo cuerda por encargo extraoficial del FBI, la desaparición del detective privado Jaycob Eklund. Este detective es en apariencia, un típico perseguidor de esposos infieles y repartidor de oficios para bufetes de abogados. Pero como Parker descubre, está obsesionado con seguir la pista a una serie de asesinatos y desapariciones que se originan hace más de cien años y de alguna manera se vinculan con una secta religiosa.

Para seguir la pista del detective desaparecido, nuestro antihéroe tendrá que acercarse allí, donde el frío de la muerte. Tal vez, sea esta novela donde John Connolly más se acerca a lo sobrenatural. En los libros anteriores es un componente de referencia o parte lateral de la trama (no por ello menos inquietante). En este libro, su papel es total. Pero en el fondo, es una manera de acercarse al mundo religioso extremo de la sociedad norteamericana, en particular la anglosajona, puritana hacia el exterior, pero cargada de esqueletos en sus armarios. Como el propio Connolly mismo afirma, “El frío de la muerte es el resultado, en gran medida, de toda una vida de lectura de historias de fantasmas”.

Cuando estaba terminando mi lectura, luego de devorar el libro, me topé con dos noticias en primera plana: una hace referencia a Samuel Little, preso en EUA por un asunto de drogas y quien ha confesado (y la justicia demostrado) el asesinato de 93 mujeres, todas pobres, trabajadoras marginales en las que nadie se había fijado. La otra nota habla de David Parker Ray, “El amo de la caja de juguetes”, un asesino serial al que se le han demostrado el asesinato de 66 mujeres (también marginales), pero se sospecha de cientos, entre ellas, de las Muertas de Juárez y que pasó décadas inadvertido y concebido como un buen vecino, trabajador y solidario. Este personaje involucró a su familia en la comisión de los crímenes y murió de un infarto antes de pisar la cárcel…

Estos dos tipos podrían ser, sin demerito alguno, protagonistas de una historia de Connolly, quien a través de sus libros nos ha mostrado toda una galería de seres extremos como El coleccionista; Faulkner, el reverendo; El Rabino Epstein…

Estos casos no hacen sino robustecer el dicho del escritor mexicano Élmer Mendoza de que la novela negra se está convirtiendo en la historia del presente…

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