El graffiti en versión Clavijero

Raúl López Téllez

La domesticación de los signos parece concretarse cuando se termina en una exposición, fuera de los ámbitos naturales de una expresión artística determinada, más si ésta se ha constituido en un símbolo que pese a querer insertarla en una sala, corre varios riesgos si el atractivo parece quedar sólo en la imagen, no en su discurso.

Así pasa con las expresiones del llamado arte “callejero” y la tentación que suscita tanto para el discurso académico como a los afanes oficiales por momificarlo, al asignarle una patente o etiqueta, sin generalizar también, ya que seguramente existen espacios de exhibición que respeten los marcos de la transgresión elementales en todo creativo y auténtico hijo de las bardas.

Es el caso del graffiti, inserto en el proyecto Gran Formato que mantiene desde hace varios años el Centro Cultural Clavijero, donde en estos días dos muestras remiten al expresionismo urbano.

La muestra “Cerrado. Imágenes trabajando”, remite a cortinas intervenidas de locales comerciales en varias calles de la Ciudad de México. Arropada por Juan Villoro como miembro de El Colegio Nacional, además de haberse exhibido en ese espacio, la muestra exhibe una serie de imágenes cuya intencionalidad parece buscar y atraer el agrado de un espectador.

Mujeres, principalmente rostros femeninos con un carmín arrebatado en sus labios, constituyen la expresión del arte del aerosol que en este caso funge como ilustración de espacios urbanos en locales de 20 de Noviembre, Pino Suárez, Donceles y la Plaza de Garibaldi en la capital del país, donde irrumpe también un Frankenstein, peces y algún ser amorfo que bordea el arte gótico.

Estas cortinas de metal tomadas como lienzos, expuestas en fotografías, se ubican en el pasillo anexo a la Sala 7 del Centro Cultural Clavijero y resalta que sólo se consigne el crédito del fotógrafo, Héctor González Jiménez e incluso el de los 38 miembros de El Colegio Nacional,  mas no el de los artistas que participaron en el proyecto desarrollado en el año 2016. ¿Descuido museográfico? Tal vez, como igual puede serlo un conjunto de otras imágenes no colocadas y que permanecen en uno de los rincones ya de la sala, además de una frase sin concluir, de las que intentan un contexto idóneo al estar pintadas sobre los muros.

En el centro de la Sala 7 se aloja “Temachtilli”, obra ejecutada ex profeso en una dimensión de 400 por 800 centímetros por el artista Ignacio Bernal Tejeda, oriundo de Sonora pero avecindado en Morelia. El trabajo de Nacho, como se presenta, es una imagen sobre “las culturas prehispánicas mexicanas”, según dice el dato del autor, de quien señalan que tiene diez años de trabajo en las calles.

Sí, muy bonito el dibujo y los colores, no cabe duda que decora muy bien la sala donde el espectador enfrenta una figura zoomorfa compuesta por un ocelote (¿o un jaguar?), un águila, con la confluencia en el centro de un rostro mitad de piedra y mitad carne roja, con una manos de uñas ¿felinas o rapaces?

¿Hay un graffiti bueno y otro malo?, ¿uno artístico y otro carente de rigores como tal?, ¿qué le quita o le pone cada cuál; incluso, quien lo califica? Tal vez estas preguntas no son necesarias cuando vemos en su escenario natural los mensajes del graffiti, su esencia callejera, de barrio y que sí llama la atención no tanto por imágenes sugerentes y muy bonitas, sino por lo transgresor de su mensaje.

Qué mejor catálogo que salir a recorrer la ciudad, qué mejor galería donde incluso el anonimato es la mejor firma de un autor armado con aerosol y mucha, pero mucha imaginación en la cabeza.   

“Cerrado. Imágenes trabajando” y “Temachtilli”, exposición fotográfica sobre cortinas intervenidas y obra del proyecto Gran Formato, Centro Cultural Clavijero, Sala 7, Nigromante 79, Centro Histórico. Horario, 10:00 a 18:00 horas, acceso libre y gratuito. Público: Todo público.

Un comentario sobre “El graffiti en versión Clavijero

  • el 19 junio, 2019 a las 3:29 pm
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    Muy bien la nota, me refiero al punto de vista de Raúl López T., pero eso de que en la calle están los otros grafitis (ya en castellano-español), los que valen la pena, fuera del anquilosado museo, pues está de verse. Como ejemplo pongo a la Ciudad Mural, proyecto de arte “callejero” llevado a cabo en la colonia Ventura Puente, donde varias de las calles, casas habitación, fueron intervenidas con el permiso de los dueños y con el apoyo de Comex. Ni tan callejero, ni tampoco tanta de la verdadera esencia del grafiti, algunos de estos trabajos ni siquiera utilizan aerosol, fueron hechos con brocha y pinturas lavables. Lo que quiero decir es que existe ya una mezcla que no deja distinguir cuál es lo genuino y cuál lo doméstico. En las firmas (tags) hechas a través de bombas (estilización de las firmas) podemos ver, aún, ese antiguo arte callejero ilegal que saca de sus casillas a los propietarios de los lienzos improvisados, porque el grafiti nació como una forma de protesta. Saludos.

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