El Manual de Carreño y los dichos de AMLO

Eduardo A. Chávez

El famoso Manual de Carreño, un libro que leído con la mirada actual responde a una ideología conservadora, jerárquica, patriarcal y con pretensiones de imponer una moral religiosa para todos, se ha convertido en parte de la “pedagogía presidencial” de Andrés Manuel López Obrador.

Hasta el momento se ha referido a él en dos ocasiones. Una fue cuando se retiró de la conferencia que ofrece todas las mañanas en Palacio Nacional, tras argumentar que es de “mal gusto” según el Manual llegar más de diez minutos tarde a una cita. También lo hizo cuando, sin mayor contexto, relacionó la industria de los bots y lo que a su juicio es una campaña desinformativa en su contra con una desobediencia a las normas contenidas en el libro.

Por su parte, luego de que el Diario Reforma publicara una carta que AMLO dirigió al Rey de España para solicitarle que pidiera perdón por los abusos cometidos durante la Conquista, la esposa del Presidente, Beatriz Gutiérrez Müller, hizo un tuit en el que afirmaba que la filtración del Diario fue tan “de mal gusto” que “¡Hasta quebrantan el «Manual» de Carreño!” Lo que resalta es que no se refirieron a estos actos como ilegales, injustos o antidemocráticos, sino que trasladaron la dimensión de los hechos del ámbito político público a una cuestión de “mal gusto” y de romper normas del urbanismo y las buenas maneras.

¿Quién fue Carreño?

El citado libro fue escrito por el venezolano Manuel Antonio Carreño, músico, pedagogo y diplomático eventual. Fue hijo de Cayetano Carreño Rodríguez, también músico y maestro de Capilla de la Catedral de Caracas, y María de Jesús Muñoz de Carreño. Irónicamente fue sobrino de Simón Rodríguez, quien desde pequeño fue percibido como agudo y heterodoxo y terminó siendo un importante educador, escritor, ensayista y filósofo ateo, mentor incluso de Simón Bolívar y Andrés Bello.

Previo a la escritura del Manual que lo hiciera famoso, Manuel Carreño tradujo al español el Catecismo razonado, histórico y dogmático del abate Thériou y la Introducción al método para estudiar la lengua latina de Jean-Louis Burnouf. También fundó y dirigió el Colegio Roscio, en referencia a Juan German Roscio, prócer venezolano a favor de la insurgencia independentista desde una convicción hondamente católica.

Regular lo privado y lo público

El Manual de urbanismo y buenas maneras, más popularmente conocido como “Manual de Carreño”, fue escrito en 1853 para los venezolanos con una intención pedagógica, pues compiló en poco menos de 800 páginas las normas que a su juicio debían regular el actuar de las personas en lo privado y en lo público para que sus palabras y actos tuvieran elegancia, decoro y dignidad. Fue tal su éxito que en algún momento se le solicitó quitar las referencias a su país natal para que pudiera ser adecuado a diferentes contextos en el mundo, como España, en donde incluso fue un libro de texto obligatorio en la instrucción básica.

En la primera parte del libro se habla de los “Deberes morales del hombre”. Ahí se expone en primer lugar cómo las prescripciones divinas son el modelo de todas las prescripciones sociales y morales, sentencias que podrían llegar a estar en contraposición con valores democráticos como la pluralidad y con la laicidad de un Estado como el mexicano. En el texto se afirma que no hay ley humana, principio o regla que encamine a los hombres al bien y los aparte del mal, que no tengan su origen en los “Mandamientos de Dios” y las leyes “que nuestra Santa Iglesia ha dictado en el uso legítimo de la divina delegación que ejerce”. Es por ello que las reglas comprendidas en este apartado están dirigidas a normar nuestra relación con Dios, con nuestros padres, con la Patria, con nuestros semejantes y con nosotros mismos.

En la segunda parte (“Manual de urbanismo y buenas maneras”) se define la urbanidad como una emanación de los deberes morales y afirma que las prescripciones que de ella derivan tienden todas a la “conservación del orden” y de la “buena armonía” entre los seres humanos. Los términos de esta idea resultan contradictorios con el discurso de un Presidente que llama a sus adversarios conservadores, hipócritas y traidores a la patria. Además, la noción de armonía que Carreño pretende conservar por medio de sus normas es compatible con las “desigualdades legítimas y racionales” que a su juicio existen, por ejemplo, entre los padres y los hijos, los ancianos y los jóvenes, la mujer y el hombre, el jefe y el subalterno, etcétera.

Con respecto a las mujeres, si bien afirma que su misión no se limita a la gestación, y en este sentido podría haber sido hasta cierto punto progresista en su época, recuperar la noción que tiene de ellas en el siglo XXI resulta contrario a un enfoque de igualdad sustantiva entre hombres y mujeres: “Detrás de todo gran hombre hay casi siempre una gran mujer”, “la mujer debe ser esencialmente femenina y orgullosa de serlo”, son algunas de las frases que contiene el Manual. Habría de forma implícita en él una doble moral, pues el autor dice que el método que propone es más importante para ellas que para los varones, pues debe ser “su principal guía, so pena de acarrear a su familia una multitud de males de alta trascendencia”.

Sin duda muchos de los conceptos, reglas y normas expresadas en la más difundida obra de Manuel Carreño constituyen hoy costumbres profundamente arraigadas en países como México. No obstante, las nociones fundamentales desde las que formulan son las mismas que cuestionan diversos sectores de la población que se organizan por una democracia plural y laica en México.

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