El muerto que nos llegó de Estados Unidos o “la nostalgia al revés”

Raúl López Téllez

“La nostalgia al revés”, como la califica el autor, o la visión desde los familiares de los migrantes que se quedan aquí, a la espera, es la temática que comparten los cuentos escritos en El muerto que nos llegó de Estados Unidos, primer libro publicado por el guerrerense Noé Israel Borja, originario de Pungarabato, antigua localidad que se ubicaba en el estado de Michoacán y que con su incorporación a Guerrero cambió de nombre a Ciudad Altamirano.

Confeso lector de Juan José Arreola y Juan Rulfo, los escritores jaliscienses iconos de la literatura mexicana y, en particular, maestros del cuento y del relato breve, Israel Borja dice que en ellos encontró la manera de ubicar una realidad muy propia y poder contarla.

Del cuento que da nombre al texto, editado por Innova, habla de cómo la espera se convierte en un desenlace trágico, en el que “fríamente”, dice, se acepta al retornado, aunque con un sentimiento distinto a si estuviera vivo, donde el regreso de ataúdes con los connacionales muertos en suelo estadounidense, es un fenómeno real en tierra de migrantes: “lo esperan para los funerales”.

Alude al significado del nombre de Pungarabato, “lugar o cerro de plumajes”, incorporado desde 1906 al estado de Guerrero mediante un laudo dictado por Porfirio Díaz. Términos como “guache”, “uchepo”, “toqueres”, son “la presencia verbal de Michoacán hasta la actualidad”, aunque no es lo único que se comparte con las latitudes michoacanas: los escenarios de violencia son similares en la Tierra Caliente de ambos lados, más allá de la causa principal que obliga a dejar casa, tierras, familia, y buscar entre la incertidumbre un futuro allá, “en el otro lado”.

“Nos ha tocado la llegada de la violencia y en lo que yo escribo está presente el tema; hay dos relatos, ´Visita de Reyes´, ´Cinco pares de perros´, donde está como trasfondo la violencia de los narcos”, indica.

En sus tiempos, los habitantes de Pungarabato como los de Zirándaro, cuenta Israel Borja, “no estaban conformes con que se fuera a pasar a Guerrero; todavía en los años 20, había personas que firmaban sus cartas como Pungarabato, resistiendo; en 1936 se le puso el nombre de Ciudad Altamirano, para enaltecer con el nombre de este escritor y humanista, el orgullo de ser guerrerenses”.  En el siglo XIX, dice, “arrasaron con la lengua; en toda Tierra Caliente ya no se habla una lengua o un dialecto”.

En su caso, nunca ha sido migrante, aunque en su familia, como en cientos de ellas, la mayoría sí lo son. Criado por sus abuelos, de esa “nostalgia al revés”, dice tenerla muy clara cuando desde pequeño la partida de sus tíos lo enfrentó a la incertidumbre y la soledad. En su cuento Corrido”, señala, se habla del migrante que los padres ven partir como la esperanza para enfrentar la pobreza, que concretan el sueño americano, pero en contraparte, otros vástagos ya no vuelven a tener relación con su familia, otra realidad también presente.

Con su libro, el autor de 36 años ganó el primer lugar de un certamen organizado en el 2016 por la Secretaría de Cultura del gobierno guerrerense, publicado en la Colección José Agustín, integrado por 18 cuentos en los que, más que mitificar o desmitificar al migrante, dice a pregunta expresa, se plasma “esa realidad que sentimos muchas personas cuando nos quedamos en esa soledad, cuando nuestros tíos se iban, qué era lo que pasaba por acá, cuáles eran nuestros sentimientos, eso es lo que trata de mostrar estos relatos”.

Un comentario sobre “El muerto que nos llegó de Estados Unidos o “la nostalgia al revés”

  • el 25 marzo, 2019 a las 10:38 am
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    He leido el libro y me parece que el autor logra envolver al lector dentro de sus historias. Es un gusto leer autores como el que tienen la habilidad de llevarte por los caminos que sus letras van dirigiendo. Felicidades a este joven autor que espero pronto pueda publicar más cuentos como estos.

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