El Paricutín y Revueltas

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En 1943 nació el volcán Paricutín en las tierras de un humilde labrador, Dionisio Pulido, quien además sobrevivió para contarlo.

En ese mismo año, el escritor José Revueltas como reportero cubrió los hechos en aquellos días de “sol negro” sobre tierras michoacanas, como narra el autor de “El luto humano” y “El apando”.

A propósito del 44 aniversario del nacimiento del volcán más joven de México, el-artefacto presenta una breve selección del texto escrito por Revueltas, “Visión del Paricutín”, para el diario Paricutín, donde se publicó en tres partes, del 9 al 11 de abril del año 1943.

Un sudario negro sobre el paisaje

Dionisio Pulido, la única persona en el mundo que puede jactarse de ser propietario de un volcán, no es dueño de nada. Tiene, para vivir, sus pies duros, sarmentosos, negros y descalzos, con los cuales caminará en busca de la tierra; tiene sus manos, totalmente sucias, pobres hoy, para labrar, ahí donde encuentre abrigo. Sólo eso tiene: su cuerpo desmedrado, su alma llena de polvo, cubierta de negra ceniza. El cuiyútziro –águila, quiere decir en tarasco-, que fuera terreno labrantío y además de su propiedad, hoy no existe; su antiguo “plan” de fina y buena tierra ha muerto bajo la arena, bajo el fuego del pequeño y hermoso monstruo volcánico.

El día hecho noche

A nuestra derecha -¡por fin!-, camino de Uruapan, elevóse la columna negra del Paricutín. Aún no nos encontrábamos bajo el penacho sombrío y sobre nuestras cabezas todavía brillaba un extraordinario cielo de estrellas. Tan poderosa como es, tan superior, tan llena de ciego misterio, la columna del volcán ejercía una extraña fascinación sobre nosotros.

Es difícil explicar los minutos de aproximación a esa zona de las tinieblas. Corríamos raudos, hacia ellas, pero por un instante la circunstancia perdió el tono deportivo, para volverse vacía, atroz, angustiosa. Si el mundo fuese plano y uno corriera hasta llegar a su extremo, tal vez eso inaudito de encontrarse al borde de una dimensión inimaginable correspondiera a la sensación de tal momento. Sobre nosotros, el cielo estaba dividido en dos: uno, encima justamente, con estrellas; otro, allá, sin medida, negro.

La majestad de la tierra antes del hombre

Los aficionados al volcán, los turistas de todas partes de la República, se agitan nerviosos, esperando un camión que los lleve a San Juan. Escuchan todos los relatos, todas las exageraciones, creyéndolos a pie juntillas. Se dejan esquilmar tranquilamente por los camioneros que les cobran tres pesos por el viaje. Los camioneros obtienen, de cada excursión, noventa pesos. Quiere decir que deben cargar, apeñuscadas en la forma más inverosímil, a treinta personas, en un mal camión en el que no caben veinte desahogadas.

José Revueltas, Visión del Paricutín (y otras crónicas y reseñas), Obras Completas 24, Editorial ERA, México, 1983.

Un comentario sobre “El Paricutín y Revueltas

  • el 21 febrero, 2019 a las 11:11 pm
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    Disfruto de lecturas como ésta. Siempre entre literatura y crónica. Me saben a humo sus paiabras y ía fuerza del volcan que desde su espiritú llama…

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