Ensimismamiento Colectivo (El c+ de Michel Soto)

Caliche Caroma

Sábado primero de junio de dos mil diecinueve. Llegué temprano, siete treinta de la tarde noche, pedí una pizza de hongos. Kitsch es una galería-sala de conciertos-bar-restaurante, enfrente la estación de Policía Morelia, antes Centro Experimental de las Artes Plásticas (CEPA), y mucho antes la Central Camionera. Esta calle es conocida como Eduardo Ruin, número 559. El cartel, “Orbitantes. Música Acusmática Multicanal”, se escucha bien leído de corrido.

Con ayuda de Mariana Sepúlveda, autora de “Menos 7 cada 24”, el organizador, curador, manipulador y presentador, Michel Soto, acomodaba y probaba el sonido, chancleaba por el Kitsch, a veces se detenía para saludar a los invitados que llegaban en grupos de tres, cuatro y hasta ocho personas, el mesero advirtió que cobraría según fueran pidiendo, no quería problemas con ninguno de los cuarenta que ahí estábamos. Comenzó a las ocho pasadas.

Soto explicó, a manera de introducción, que la música acusmática está pensada y hecha para sonar en un sistema de audio envolvente, son grabaciones mezcladas, a veces yuxtapuestas, que crean o no atmósferas. También dijo que no sólo son posibles las sesiones en el más allá de los espacios institucionales, sino necesarias, es cierto que representan un desafío, pero eso mismo las hace tan particulares, porque requieren una participación realmente activa, disposición y atención en un ambiente no convencional. Se trata de que el escucha tenga la correcta y disfrutable percepción del repertorio propuesto y pueda pedir mojitos cubanos dos por uno. Y se logró lo anterior.

(Silencio)

Mariana Sepúlveda sobre “Menos 7 cada 24”:
Pieza hecha a partir de sonificación de feminicidios en México. El material sonoro son canciones populares latinoamericanas que ostentan mensajes machistas en sus letras”.

Nueve piezas ofreció “Orbitantes”, nueve compositores que provocaron el ensimismamiento colectivo; varios de los presentes cerraron los ojos, miraron para dentro, incluso hubo quien se quitó los zapatos. Ocho altavoces, fila india auditiva, pamba y un corredor octofónico por donde transitan los sonidos, ondas e imaginaciones abrazando/abrasando los oídos, hacía calor porque apagaron el aire acondicionado. Los aparatos rectangulares que estaban en bases improvisadas eran las puertas por donde las composiciones andaban como Juan Cage por su casa, el acto de oír se transformó en un dejarse ir; sí, había discursos sonoros, pero también pintura, sabores, en fin, la sinestesia no podía faltar. Decodificación, confusión y experimentación, la retroalimentación y otra cerveza, por favor.

Las nueve del programa tuvieron el siguiente orden: “Natural Mutations”, Tania Rubio; “Thoughts riding a paradox”, Gerardo Meza; “Entalpía”, Edmar Soria; “Y se la comió… de nuevo”, Jorge Delgado e Ivonne Hernández; “Corrupter Data II”, Michel Soto; “Espacios en espacios”, Iván Naranjo (El Latas); “Cantar 001 10001”, Barush Fernández; “Menos 7 cada 24”, Marina Sepúlveda; y “Sobre el comportamiento de las masas”, Andrés Guadarrama. Hubo intermedio.

Además de lo singular de los títulos, en las piezas identifiqué una gran cantidad de humor que se movía en los altoparlantes como mamba negra, la máquina de cantar y otros animales, riadas de decibeles, zapping Chopin, trip hop, el registro del caos urbano, la música popular, misoginia, estridencias y un gran espíritu lúdico. Realmente me divertí y también tuve dudas sobre lo que llegaba a mis orejas, ¿de dónde viene esa voz que me llama y me hace cosquillas?

Ningún ruido que no provenga de las nueve grabaciones. En la calle un señor de sombrerito detiene su marcha, se acerca y mira la escena. Quizá se preguntó: “¿Qué están haciendo esta bola de locos?”. Hace un movimiento de negación, retoma su caminata. Wendy le toma la fotografía al mismo tiempo que termina “Corrupter Data II” de Michel Soto. Estamos tan callados que los susurros son gritos, quiero ir a mear, pero no quiero perderme nada.

Michel Soto sobre “Corrupter Data II”:
Esta pieza explora la apropiación la multiplicidad como detonante estético. Está construida con 45 piezas para piano del compositor Frédéric Chopin, las cuales fueron transcritas a MIDI y se les asignó un timbre digital distinto a cada una. Éstas fueran cortadas, recombinadas y espacializadas de distintas maneras utilizando algoritmos de densidad Poisson y síntesis granular. De esta manera, se trata la música de otro compositor como material para componer: objetos sonoros organizados y transformados. Por otro lado, el objetivo era generar distintas masas sonoras en donde se pudiera jugar con 2 niveles de escucha: el escuchar una pieza en particular y el poder escuchar la masa resultante del collage”.

Fue el c+ de los pobres. Un montón de locos escuchando música loca. Les preguntan a los compositores si pueden tomarles una foto, se juntan, son cuatro o cinco los que asistieron, sonríen. La gente se para, estira sus cuerpos, el Centro de Morelia vuelve a sonar, la órbita urbana retoma su curso

Un comentario sobre “Ensimismamiento Colectivo (El c+ de Michel Soto)

  • el 5 junio, 2019 a las 5:30 am
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    Bien, Caliche. No creí que conocieras tanto de música. Conviniera conocer el domicilio preciso de ese singular bar-iglesia de la música.

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