Entre bancos y antros se pierde el patrimonio

Raúl López Téllez

Restaurantes, bancos, cafés, oficinas, antros y tiendas de ropa, son las actuales funciones de las viejas casonas que en Morelia albergaron espacios de conspiración independentista o de un escenario histórico que pierde cada vez más su estructura y vocación originales. Tanto su cuidado como incluso calificar su pérdida, es difícil ante un marco legal con vacíos que no impide en el caso de los particulares modificarlos a su antojo.

Más allá de considerarse a la casa donde naciera en la antigua Valladolid, José Morelos y Pavón, considerado hijo predilecto de la ciudad, como un altar de la Patria, o la sede del ex Seminario Tridentino hoy Palacio de Gobierno, o la antigua casa de los Anzorena, hoy sede del Congreso local, el resto de edificaciones que fueron escenario de hechos históricos tanto para el país como para el estado son tomadas con un interés menor por parte de autoridades y de los propietarios de los inmuebles, a lo que se suma una legislación ambigua para su rescate o resguardo, refiere el historiador Ramón Sánchez Reyna.

No es la misma suerte para otros inmuebles, como el de la antigua casa de los conspiradores independentistas Michelena, en el Portal Allende, que pasó de ser una zapatería a un espacio remodelado que alberga ahora una librería y cafetería, en el que la construcción de un muro “borra” el acceso al patio central del edificio original.

En Vasco de Quiroga 179, dos placas señalan que en el lugar fue velado el general Mariano Matamoros, una del Ayuntamiento de 1945 y otra del gobierno del estado que encabezaba Agustín Arriaga Rivera y que consigna los años 1964-65. Del inmueble como vestigio histórico, sólo restan las placas, ya que se ha fraccionado en varios locales comerciales.

Fragilidad legal

“La cuestión de los inmuebles históricos es compleja porque en algunos casos pertenecen a la federación, al estado, a los municipios, pero muchas otras veces pertenecen a particulares, y en ocasiones estos inmuebles se someten a diferentes usos, principalmente al comercial y es donde a veces no se tiene la conciencia del valor real que para la historia del país pueda tener este elemento patrimonial”, señala el investigador.

Calificar a un inmueble con carácter histórico o artístico, depende de la dependencia federal a qué corresponda su presunto resguardo. “Cuando decimos un monumento histórico se pudiera pensar que estamos hablando de una escultura en bronce, una estatua, una calle, una plazuela, un monumento conmemorativo, una estatua, un busto, hasta un edificio o un Centro Histórico como Morelia, que está comprendido por 219 manzanas, y que se denomina Zona de Monumentos Históricos de Morelia”.

La diferenciación, de monumentos históricos y monumentos artísticos, la establecen el Instituto Nacional de Antropología y el Instituto Nacional de Bellas Artes, instituciones creadas para la preservación, conservación y difusión del patrimonio de nuestro país: “los bienes arqueológicos, coloniales y del siglo XIX hasta el año de 1900, son históricos, y del 1900 hacia nosotros, son artísticos; los primeros los resguarda el INAH y los segundos el INBA”.

Sánchez Reyna no descarta una pérdida importante del patrimonio ante la falta de un censo exacto y situación de los inmuebles. Cita a la historiadora Esperanza Ramírez Romero y su obra, Catálogo de Monumentos Artísticos, Civiles y Religiosos, de 1981. Después del decreto federal del 14 de diciembre de 1990, que crea la Zona de Monumentos, se hace una lista de mil 113 muy relevantes. “No sé si el INAH tenga contados cuántos monumentos, desde la Catedral hasta la casa más pequeñita, integran esas 219 manzanas (de la Zona), y ahí sería muy interesante ir haciendo un parámetro, cuántas se pierden por año, porque se pierden muchas”.

Gallegos y Maillefert

Otros inmuebles conmemoran hechos sin duda importantes como la casa donde viviera en su exilio mexicano el escrito venezolano Rómulo Gallegos, en el número 64 de la calle Dr. Salvador González Herrejón, en las inmediaciones del Bosque Cuauhtémoc, que sigue siendo un domicilio particular y donde una placa fechada en octubre de 1968 da testimonio del transitar moreliano del autor de Doña Bárbara.

Otros edificios ligados a la historia reciente del estado, son la casa del escritor Alfredo Maillefert, sobre la Avenida Morelos Norte, ahora sede de la Casa de la Cultura Jurídica, dependiente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

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