Fem Fest: una voz cargada de futuro

Caliche Caroma

Guitarras, acústicas, electroacústicas y eléctricas, el n’goni desde el África occidental, cabelleras largas y cortas, tatuajes en los cuerpos, más el talento, mucho talento en el Fem Fest, evento que organizó el colectivo feminista Matrioska y que tuvo su segunda sede en un acogedor lugar del centro de Morelia, la Galería Kitsch. La fecha, 30 de agosto de 2019; la hora, 8:50 de la noche, comenzaron más o menos puntuales.

Amanda Alafita dio inicio a este festival donde la fuerza femenina estrujó los corazones rosas a través del canto y la música y la diamantina. Originaria de Xalapa, Veracruz, Amanda vive en Morelia porque estudia la carrera de Música y Tecnologías Artísticas en la ENES. Sus canciones andan en las orillas del electrofolk, soul y pop, mezclados estos tres géneros con algo de la ciencia del amor logran seducir al escucha, así pasó el viernes en el Fem Fest. Muchos de los que allí estuvieron escucharon por primera vez a la cantante gigante de inspiración, ahora no podrán dejar de oírla cada vez que el viento les recuerde sus canciones: “Se ha desatado en mi pecho un enorme sentir/desde el momento en que vi brillando el firmamento/Y en ese día decidí silenciar mis pensamientos/Escuchar lo que dice el viento cuando pasa por aquí”. Mejor inicio no pudo haber.

La segunda a bordo fue Ireri Almonte, talento puro que viene de una familia de músicos michoacanos llamados Media Luna, uno de los proyectos más sólidos e interesantes que por aquí existen y coexisten. Ireri utiliza el loop station, cajitas con pedales en los que se registran los sonidos que va creando in situ, es decir, ella misma es la orquesta. “No tenemos un lenguaje para decirnos adiós”, extracto de su tema Ouróboros que nos confirma el alto grado poético de sus canciones. Licenciada en Filosofía por la UMSNH, Ireri Almonte apenas comienza una carrera como solista que promete ser no sólo un éxito, sino un fenómeno musical pocas veces visto y escuchado en este “desierto de lo real”.

Tres, el turno de Lian Ventura, afromexicana que promociona su tercer disco titulado Semillas Negras. Su nombre de pila es Noelia, nació en Coahuila, con sangre veracruzana y formada musicalmente en Morelia, ella es una mujer que se ha preocupado por conocer su pasado, las raíces más profundas que vienen desde el continente negro, el más hermoso. Por eso toca el n’goni, abuelo de la guitarra y el banjo, instrumento que está compuesto de una calabaza seca gigante, un mástil y las cuerdas; el sonido que se obtiene parece sacado de las historias más antiguas de la humanidad. Y Lian tocó e hizo corear al público sus canciones, pues varios de sus seguidores estaban ahí. También usa el loop station, mientras este aparato hace lo suyo ella cantó “Mujeres del Congo”, “Aire nuevo”, “África adentro” y muchas, muchas más.

Las cervezas y las pizzas del Kistch ya habían sido consumidas con fruición, el buen servicio de Leydi Cahuich, trabajadora de este espacio de la calle Eduardo Ruiz, le daba al Fem Fest el toque especial, pero Leydi no sólo atiende con amabilidad y celeridad, ella, además, canta. Isobel Piaf, su nombre artístico que viene de una canción de Björk y del apellido de la famosa artista francesa, es de Puebla y vive en la capital michoacana, pareciera que algo tiene este lugar que reúne a mujeres maravillosas para que su voz sea el contrapeso ante tanta barbarie. Como se lee en su sitio oficial de FB, Isobel canta “música de temática feminista, de protesta y libertad”. Sus ritmos en la guitarra tienen el sabor del barrio más el coraje hecho canción: “Paso adelante/Aunque sea despacio/No debo parar/Me pusiste límites/Tu amor no era real/Tú no me aportas más”. Aplausos de pie para Isobel.

El final llegó con el rhythm and poetry en la voz de 7Aramara7. ¿Ha oído usted hablar del micro-rap? Escuche esto: https://www.youtube.com/watch?v=znuFHrVCDyg. Gran sorpresa. 7Aramara7 se define de esta manera: “Cantautora mexicana, ecléctica y empedernida, Hip Hop latino con contenido y ritmo pa’ que bailes tendido, con mensaje y bases para los masajes cerebrales”. Y no por flojera de escribir, pero en sus redes sociales se lee lo siguiente: “Soy granito de arena, me honra deshacerme y crear nueva materia, dignificada por estar viva, doy valor al tiempo, a los pasos, al hechizo de las palabras; agradezco mi sangre, la luz, y la esencia que arde”. Fue un final perfecto, redondo, triangular, nunca cuadrado. Original y brillante.

Y cierto que hubo fandango, algunos “onvres” se aventaron a palomear canciones jarochas, la danza apareció y el éxito y el aplauso es para las morras que se rifaron con este Fem Fest, al colectivo Matrioska, a Mariela y Mónica de Kistch. Varias de las artistas participantes en el festival narrado también forman parte del circuito Sonororidades, de ahí que se haya extrañado a Vivir Quintana, Vale Carrillo y la mismísima Anarkelia. Será para la otra, mientras tanto: “En vez de idealizarte/escuchar tu voz de adentro”.

Fotografías de Carmen J. Cohen y Wendy Rufino.

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