¿Hambre?

Caliche Caroma

Un migrante afgano se acerca al camarógrafo para pedirle un poco de agua, lo acompañan otros dos igual o más sedientos. Están en algún lugar de Europa Central, han comido casi nada. Al director y a la traductora les toca invitarles las hamburguesas, el poco inglés que hablan les alcanza para decirles a los cineastas que tienen mucha hambre, total, estos intentaban grabar los alimentos de alguno de los cientos de exiliados que diariamente intentan entrar al corazón del viejo continente. Un fantasma recorre el mundo, es el fantasma del apetito.

Hamburguesas de pollo con lo que parece ser una salsa agridulce. Llueve, el frío viento golpea las caras de los asiáticos, comen afuera del local, terminan, dan las gracias y se van. En la parte superior izquierda de la pantalla se puede observar el rostro de Kazutoyo Koyabu, comediante y presentador de la televisión japonesa, opina y se conmueve con cada uno de los pocos capítulos de esta original propuesta que se encuentra en la plataforma Netflix y que se estrenó en Tokyo en 2017.

“Informe gourmet híper duro”, o en inglés “Hyper hard-boiled gourmet report”, es el nombre de la serie documental producida y dirigida por Ryohei Uede, Tetsuo Murakami y Hideki Sakai, cuenta con sólo cinco entregas (a domicilio), brutales cinco capítulos que quitan el hambre o hacen que los alimentos que diariamente consumimos sean percibidos como privilegios en un planeta que se muere de inanición. Los subtítulos insisten en que éste es un programa de comida, la gente tiene que comer, pobres o ricos, libres o presos, bellos u horribles, la panza es primero, como escribió Rius.

Haciendo uso de traductores, guías locales y contactos de muy dudosa procedencia, los realizadores de “Informe gourmet híper duro” se meten hasta la cocina, revisan el refrigerador, raspan las cazuelas y viajan a Liberia, Los Ángeles, Nepal, Taiwán, Eslovenia, Siberia… la pura lista de lugares da una idea de lo terrible del recorrido gastronómico. La fauna que protagoniza el programa de comida bien puede ser calificada de sobrevivientes, seres humanos viviendo en el límite, y ahí, en la orilla, se echan sus tacos.

Pochos llenos de cicatrices que le ponen salsa a la salsa de los nachos; afroamericanos que no pueden librarse del estigma de las pandillas ni a la hora de la cena; niñas que pescan monedas en los ríos infestados de restos humanos, pues quieren llevar a la casa la cooperación para el almuerzo, en un cuartito duermen más de diez y aún sonríen; drogadictos que acaban de salir de prisión y lo único que desean es comerse un burrito; mujeres que viven en cementerios y se prostituyen para disfrutar un poco de arroz con verduras; la mafia china dándose un banquete mientras presumen sus tatuajes, han matado a tantos que hay que celebrar; rusos sectarios vegetarianos; adolescentes afganos con cáncer que disfrutan de las tortas de huevos cocidos y otras delicias encontraremos en esta culinaria aventura.

La recomendación de la casa es ver la serie en familia, cada elemento de la tribu aprenderá a valorar hasta el más ínfimo bocado. ¿Desperdiciar? Ni pensarlo, después de este banquete visual y sentimental los platos quedarán limpios de tanta lamida. ¡Buen provecho!

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