Hay Jazztival pese a funcionarios, recortes e incomprensiones: Alzate

Raúl López Téllez

“Dios es (John) Coltrane y yo he querido ser uno de sus profetas”, confiesa el saxofonista Juan Alzate respecto a quien es referente central en su formación como jazzista.

“Debo confesar que yo no quise ponerle número al Festival, no creí que llegara a tanto”, señala el fundador y organizador del Jazztival que este año alcanza su edición 17, encuentro en el que pese a los recortes presupuestales de los últimos años la calidad se mantiene como premisa para ofrecer a la audiencia los mejores intérpretes y grupos de un género que define “como el más clásico de la música popular”.

Con 40 años de trayectoria como músico y 35 de promover el jazz a través de la radio, Alzate llega a este Jazztival 2019 no sin haber sorteado varios incidentes desde el año 2018, cuando se le cuestionó la presunta falta de transparencia e inclusión de agrupaciones locales en este que es uno de los festivales más importantes del jazz en México. “Con la reacción de los grupos locales con referencia al Jazztival, pienso que no ha habido la comprensión necesaria hacia lo que es la función del Jazztival como tal, por eso en esta edición nos vimos en la necesidad de abrir el concurso estatal, con el fin de que los  mejores grupos del estado participen con propuestas realmente originales, ya hay muchos grupos, muchos músicos, pienso que todos tienen la calidad y la preparación como para participar en un evento de esta naturaleza, y también queremos evitar el detalle de que uno está escogiendo a dedazo quien está o quien no está, por eso se abrió de manera colegiada, más transparente”.

En estos 17 años, refiere como lo positivo, “la formación de públicos y grupos de jazz en la ciudad; de que para bien o para mal, fomentamos un movimiento jazzístico al grado de que ya pueda haber algunos lugares que promuevan el jazz de manera permanente”.

“¿Los puntos difíciles? A veces tener que lidiar con características personales de los funcionarios, hay quienes les gusta no le gusta, te apoyan no te apoyan, o que por ejemplo en el Jazztival 2019 vamos a tener un proyecto de carteles que hizo Fernando García, maravillosos y que muchos de ellos no salieron a la luz pública, quedaron en proyecto, pero no salían porque un funcionario decía, no, es muy rojo, es muy priísta, es muy azul, muy panista, amarillo, perredista, teníamos que lidiar con este tipo de circunstancias. Ir entendiendo que hay que ser político y lidiar con estos detalles con el afán de que el festival continúe y sobre todo que no pierda calidad”, indica.  

En una entrevista para el-artefacto, Alzate refiere los orígenes del Jazztival luego de su regreso de Venezuela. Primero como parte de un proyecto del Festival Internacional de Música de Morelia, que no cuajó, hasta que cayó bien para las autoridades culturales del gobierno de Lázaro Cárdenas Batel. El evento que da inicio este miércoles 24 de abril inició un camino del que hoy su fundador se precia de contar con un público, y en el que la amistad, la relación personal con los músicos, han permitido que más allá de los recursos financieros disponibles, grandes figuras y ensambles reconocidos hayan pisado Morelia para deleite de los melómanos.

“Debo confesar que yo no quise ponerle número al Festival, no creí que llegara a tanto. Fue en el 2005, con Luis Jaime Cortés como primer secretario (de Cultura), me sugiere que en lugar de tener un nombre tan frío, le pongamos un nombre más llamativo, más interesante, de ahí viene el Jazztival, a partir del 2005 se usa ese nombre.

El músico reitera que “el festival no es de nuevos talentos, sino de grupos consolidados. Uno de los pocos grupos michoacanos que tienen una propuesta súper sólida, muy reconocida y con alto nivel, que se ha presentado en casi todas las ediciones del Jazztival, es Blurhépecha; de unos años para acá hemos logrado consolidar el Ensamble del Jazztival, donde reunimos a los que considero mejores músicos de jazz del estado, pero para que acompañen a las grandes estrellas que vienen a tocar con nosotros, que vienen como solistas, para generar una interacción con grandes figuras del jazz mundial y los músicos de aquí. Creo que es importante que el jazz michoacano salga todavía más”.

Apoyos a la baja

“El festival en sus 17 años nunca ha llegado al millón de pesos en apoyos, y aunque pareciera un festival muy costoso, la verdad no lo es, porque nosotros le dedicamos los recursos a lo que son, no pedimos comisiones ni damos dinero extra con tal que surja tal servicio, es directamente a lo que tiene que ser. Sí ha bajado y ha sido tremendamente difícil; en un principio la Secretaría de Cultura estatal, daba alrededor de 600 mil pesos, 700 ya cuando mucho y ahorita son 250; el Ayuntamiento de Morelia a partir aproximadamente del 2010, nos estuvo apoyando con 100 mil pesos, y este año cero, ahí si hay un bajón tremendo. A través de los años ha ido bajando (el apoyo municipal), de 100 mil pasó a 70, a 50 mil, incluso hubo uno de 35 mil, el año pasado fue de 50 mil, pero ya este año no; habíamos conseguido un apoyo extra que el Cabildo ya había autorizado, y en el 2017 que abrió el Colegio de Morelia, se nos otorgó un apoyo de 200 mil pesos, lo cual ayudó mucho a subsanar el hueco que había dejado la SECUM, en el 2018, a pesar de que se aprobó (la misma cantidad), ya nunca se nos entregó”. El apoyo federal, a través del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, es en este momento “el punto más fuerte”” en cuanto a los recursos para el sostenimiento del evento, señala.

En contraste, destaca que los niveles del Jazztival se han mantenido al margen de los costos con un alto nivel de calidad, logrado por las relaciones personales, “gracias a la amistad. Si hemos traído a las figuras del jazz mundial, es afortunadamente por la relación cercana con ellos, afortunadamente han confiado en mí y han aceptado venir en condiciones que tal vez en otros lugares no aceptarían, por ejemplo este año viene Nelson Rangell, que es uno de los grandes músicos del jazz contemporáneo, y la verdad él por amistad me cobró mucho menos y sus condiciones fueron mucho menos complicadas que si yo lo hubiera hecho con una agencia.”

En otros casos, hay dificultades y anécdotas en el atrás del telón del Jazztival. En algún momento se pretendió traer a Chick Corea, lo que tendría que pasar necesariamente por una agencia, a través de la cual se imponían exigencias desde el escenario, las características del equipo técnico, el piano a usar por el maestro y hasta el tipo de avión, de primera clase, en que se trasladaría, exigencia para la que, señala, al no existir esta categoría para los vuelos a Morelia, el mismo gobernador Lázaro Cárdenas estaba dispuesto a ofrecer un avión de la administración estatal, todo para que finalmente Corea decidiera que no le gustaba la aeronave propuesta y cancelara la operación.

Alzate destaca que ha sido la calidad, más que la presencia del músico o del ensamble en un ámbito específico, el factor que se pondera a la hora de programar los contenidos. Refiere que para alguna edición se le sugirió por parte de la federación escoger a algún grupo del Eurojazz –donde, dice, “no todo es jazz tampoco””-, y le llamó la atención el ensamble Kora Trío, que logró atraer y representó “uno de los conciertos más recordados por la gente en el Jazztival y donde hubo más grabaciones piratas; la gente respondió increíblemente ante un grupo que no conocía”, dice mientras ríe. Otro caso, señala, es el de Bobby Watson, “una de las grandes leyendas del jazz, que a la mejor no todos conocían, sin embargo es el concierto que tiene el récord de más asistencia al Jazztival, con más de cuatro mil personas en el patio de la casa de la Cultura y todavía se quedaron muchísimos más afuera”.

Con estos ejemplos, dice, “esta es la imagen que he querido mantener, si se va presentar en el Jazztival es porque es bueno, no importa que no lo conozcan”.

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