Héctor Alvarado dice o los veinticinco controversiales

Caliche Caroma

El viernes cultural comenzó con la presentación del libro Caracol ciego, escrito por el regiomontano Héctor Alvarado Díaz, la actividad literaria tuvo lugar en la biblioteca del Centro Cultural Clavijero que lleva el extraño nombre de Bosch-Vargaslugo, la hora precisa, seis de la tarde nublada del 31 de mayo del año de Obrador. Acompañaron al autor dos escritores, uno greñudo y otro pelón, Víctor Solorio y José Agustín Solórzano, despectivamente; el autor escuchó, sereno, los comentarios de sus acompañantes en la mesita y luego disertó sobre su más reciente publicación, pero escrita una decena de años antes, no, menos, trece años. 

Héctor Alvarado ha parido varios libros, La canción del bonsái, Supercolonia, El ojo de la iguana, sólo por mencionar algunos de su opípara producción, por sabrosona. Pero este texto es especial para el autor avecindado en el sur de Morelia, pues trata del mundillo literario que él mismo experimentó en sus años mozos, es decir, algo de autobiografía hay en este escrito; expone las malas mañas de los editores y sus jugosas empresas, aunque no deja de criticar la ingenuidad de los noveles escritores, es decir, esas aspiraciones de ganar premios y estar en los sellos más prestigiados para presumir con los cuates y gastarse el dinero de los certámenes en cerveza artesanal y liposucciones.

Caracol ciego no es una novela exclusiva para escritores, si bien su contexto se enmarca en los pasillos de las editoriales, las cartas y llamadas desesperadas a las ídem, el dar vueltas y vueltas sobre una misma cosa sin lograr ver lo estúpido de esta acción (de acá salió el título del libro), la espera de un dictamen favorable del manuscrito enviado y nunca contestado, el resumen inigualable en voz del apuesto Alvarado Díaz: “es muy entretenida, se los aseguró”, recomendable para todo público, nada más que el editor no llegó con los ejemplares y los once libros que había se vendieron (uno se fio).

La charla con los asistentes estuvo aderezada de anécdotas, salió Julio Cortázar citado, “la novela es el género de madurez”, el autor coincidió con el argentino e incluso habló de una edad controversial para comenzar a publicar, “a los veinticinco años”, expresó categóricamente Héctor Alvarado, de ojos verdes como gato. Además, dio a conocer que: los galardones recibidos no hacen a un novelista publicable, las editoriales sólo quieren vender libros y poco les importa que la gente lea algo de calidad, el exceso de premios ha hecho creer a todo mundo que son escritores, no se debe escribir de acuerdo a los mandatos del mercado sino como el escritor considere conveniente y sincero, etcétera de las declaraciones comprometedoras. Terminó la charla y vinieron los vinos tintos con cacahuates, el novelista, su familia y dos o tres colados terminaron en un famoso congal de blues y jazz del centro histriónico de Morelia.

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