Huellas de todos

Jesús Alveano H.

Hace unos días (17 de agosto), se celebró en todo el mundo, el Día del Peatón.

La fecha instituida por la Organización Mundial de La Salud, a raíz del primer incidente de tráfico que dejase una víctima peatonal.

El caso ocurrió en Londres y la joven se llamaba Bridget Driscoll. Ella fue arrollada por un coche, pereciendo en el acto. Desde 1897 tanto la OMS, como otras organizaciones en el mundo han sumado esfuerzos con el propósito de garantizar un tránsito mucho más seguro para los peatones.

“La colisión ocurrió solo unas semanas después de que una nueva Ley del Parlamento aumentara el límite de velocidad para automóviles a 14 millas por hora (23 km / h), de 2 millas por hora en ciudades y 4 millas por hora en el campo” (Wikipedia). Fue una consecuencia no prevista…aunque esperable: cuando Ud. autoriza mayor velocidad para algún vehículo, necesariamente aumenta el peligro.

Lo mismo sucede en Morelia, en el Libramiento; cerca del puente que cruza la Avenida Madero, donde hay 6 carriles de circulación, que invitan a la velocidad, existe un letrero que dice “disminuya su velocidad”. La gente coche-habiente, le hace caso a la construcción de una carretera en la ciudad, no al letrero.

Y frecuentemente, se le echa la culpa a los viandantes, por sus muertes, lo cual es inexacto, injusto e ilógico: el auto, de 800 o más kilogramos, se desplaza regularmente a una velocidad por lo menos 10 veces mayor a cualquier peatón.

Pero ello solo refleja cómo está “construida” la ciudad, que –antes-, era de los que caminamos sobre 2 pies.

Hoy en dìa, el “rey” de las urbes, suele ser el automóvil; hasta hace poco, todo ha estado a su favor: los puentes se construyen para que se mantenga el tránsito; los semáforos, para evitar los choques entre vehículos; las zebras, para que los transeúntes, SOLO crucen por allì. La velocidad “promedio” está hecha para aquellos; el asfalto, para cuidar llantas, amortiguadores, suspensiones y demás. El peaton, bien gracias, que se rasque con sus propias uñas.

Por ello, la Red de Organizaciones Ciudadanas en favor de la Ley de Seguridad Vial en México, decidió este domingo pasado, hacer una manifestación con originalidad: invitar a personas que usan los pies o algo parecido (zapatos, muletas, sillas de ruedas, carreolas, bicicletas y similares), a que “dejaran” su huella colectiva en muchas ciudades. Para poder dejar patente su expresión, se decidió tomar fotos desde un dron (como la que aparece en este articulo, tomada en la Plaza Melchor Ocampo).

Lo que se quiso dejar como precedente, es que la calle es de todos, en especial de niños, personas de la tercera edad, personas con algún género de dificultad para deambular y prácticamente de todos los demás, ya que –al bajar del auto-, todo mundo, camina.


Agradeceré sus comentarios a: jesusalveano@gmail.com

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