Imágenes del lago para el maestro Francisco Rodríguez Oñate

Eduardo A. Chávez

No hay nada menos estático que la tradición. Prueba de ello es que, pese a las revoluciones digitales, el grabado está tan vivo como en otros tiempos, moviéndose, inquieto, entre los paisajes y los personajes, la naturaleza y la política, las leyendas y los sueños, la vida y la muerte. Se crea y recrea cotidianamente en las manos de quienes confían en que los universos que pueden construir una placa y una gubia, pese a todo y pese a tanto, no han sido agotados todavía.

Prueba de lo anterior es la carpeta colectiva “P’itakata Japontarhu Anapu” (“Imágenes del Lago” en purépecha) que este viernes 5 de abril, en el marco de la celebración del primer aniversario del taller de gráfica Los Agachados, se presentó por tercera ocasión ante el público michoacano, esta vez desde la capital. Previamente se había presentado en el Ex Convento de Tiripetío y en la galería La Cabrona (Pátzcuaro). Este esfuerzo artístico fue coordinado por Fabiola Ospina Huipe y logró reunir a un total de 16 artistas del Estado en la carpeta original y tres más que se sumaron en esta edición moreliana.

Entre los y las artistas cuya obra compone esta exposición, destaca el nombre del maestro Francisco Rodríguez Oñate, vivo todavía hasta hace unos días, a quien se le dedicó de forma simbólica la exposición. A su autoría corresponden “La tejedora de chuspata” y “Mercado de Pátzcuaro”, obras “a ras de suelo”, como escribe Dafne Lozada en el texto que integra la carpeta. En ellas el maestro inmortaliza dos escenas de la cotidianidad patzcuarense protagonizadas por mujeres, una en el espacio privado, donde aparece una artesana trabajando minuciosamente su obra, y la otra en el espacio público, donde las mujeres participan del comercio de productos del campo en la plaza de la ciudad. Se pone de relieve en ambos casos su intención por preservar las costumbres mexicanas en sus más cotidianas escenas.

En esa misma línea podemos encontrar “Campanario” de Eunice Barajas, “El lago visto desde la casa de Enirque Luft”, “En la orilla” de Irma Reyes e “Imagen para inundar la memoria” de Samuel Díaz. En todos estos casos se presentan pasajes espectaculares. En el caso de los primeros dos el sentido de la imagen está dada por la posición en la que se encuentra el espectador con respecto a lo que alcanza a ver. En los dos últimos, destaca la gran técnica con la que se resuelve en términos de color y trazo.

No puede quedar fuera la recuperación de los íconos del imaginario colectivo de la región, plasmado en leyendas y en personajes pertenecientes a veces a la dimensión de la fantasía y los sueños. María Teresa Romero nos ofrece representaciones de la “Uare”, de la “Sirena” y de “Eréndira”. Jesús Guzmán Esquivel nos ofrece una “Mintzita” con una nota sutilmente erótica. Sin embargo, hay otros personajes, casi mágicos pero reales, como Don Sebastián “El Gato”, comerciante revendedor de sopladores a quien Fabiola Ospina le dedica un retrato grabado.

El público que visite la galería podrá encontrarse también con el tema de la muerte, presente tanto en “Ánima” de Yonneldi Espinoza, artista que no es parte de la carpeta original pero que fue invitada a esta exposición, como en “La muerte te espera” de Jonathan Adrián Tapia, integrante del taller de gráfica Los Agachados y quien contribuyó enormemente a la impresión de toda la obra. De la primera resalta una escena mística donde un alma rema hacia su destino trazado por el vínculo ancestral de la noche y el mar, la luna y el pez. En el segundo se nos presenta la muerte con una ancha sonrisa en medio de en una escena bastante colorida, en el contraste de morados y amarillos, una atmósfera no festiva como las de Guadalupe Posada, pero tampoco lúgubre: un simple recordatorio de que en el ocaso hay alguien que felizmente nos espera.

Las búsquedas que más palpablemente recuperan la tradición para recrearla están quizás en las obras de Sergio Navarro y Javier Ornelas. El primero nos ofrece, en un grabado sin título, una criatura mitad pez, el pez icónico de las artesanías de la región, y mitad hombre, con lentes gruesos y nariz y boca anchas. El segundo titula “Danzante” a la representación de un achote bailando la folklorizada danza de los viejitos, con todo y bastón. Quizá a un lado de éstos podríamos poner el esfuerzo de Christian Díaz, quien explora las posibilidades del simbolismo de las serpientes, los demonios y las criaturas mitológicas, en una obra que palpablemente está articulada en un lenguaje distinto al resto.

Por último, hay quienes recuperan del grabado menos costumbrista y más satírico su esencia crítica. Es el caso de Kitzia González con “Pet blanco (Atherimopsidepolyethylenetereptotalate)” y Angel Pahuamba con un grabado sin título quienes, con un lenguaje visual que se distingue del resto, presenta el problema ecológico que afecta la región lacustre: por un lado, el ecocidio que ha resultado de las botellas de plástico y la contaminación insostenible y, por el otro, la escasez de alimentos que es producto de este fenómeno. “Comíamos pescado, ahora ya no hay”, se lee en el grabado de Pahuamba. En ambos hay una exploración de las posibilidades del grabado que nos hace adivinar todo un nuevo horizonte futuro.

Cabe mencionar que toda la traducción al purépecha que involucró este esfuerzo estuvo a cargo de Tata Ismael García. Por su parte, los hijos y la hija del maestro Rodríguez Oñate recibieron la carpeta que le habría correspondido su padre.


Los Agachados, Héroe de Nacozari #100, Centro Histórico. La exposición se podrá visitar durante todo un mes, de lunes a sábado. Horario de 12:00 a 19:00 hrs.

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