La culpa fue de ese maldito torito (coco)

Caliche Caroma

El torito es una bebida jarocha que se acostumbra a tomar en los fandangos. Pedí uno de cacahuate, mi amigo Raúl pidió el tradicional de coco. Dieron segunda llamada y pudimos pasar a la sala de conciertos del foro La Mueca. Antes ya habíamos probado el carajillo sin 43 que ahí preparan. El concierto estaba anunciado para las siete de la tarde-noche horario de verano, la dirección, Aquiles Serdán #797, Centro moreliano, 4 de mayo, en el vestíbulo vendían libros de Severo Iglesias.

Dieron la tercera llamada y apagaron las luces. Mayambé, nombre que reúne a cuatro músicos talentosos y estudiosos que interpretan el son veracruzano, rico y estilizado, se nota el dominio de sus instrumentos, el compromiso hecho canción. Jaranas, requinto jarocho o guitarra de son, leona, percusiones, zapateado y voces, la asepsia del sabor. Raúl me dio su torito de coco porque estaba muy fuerte, pensé que exageraba, pero sí estaba duro y directo al hígado.

Foto: Mitzi Sofía Ortega

Xanai, Alejandro, Erandi y Jorge comenzaron tocando el Siquisirí. Una versión extendida realmente bella. En cada una de las rolas que interpretan dan muestras de su talento, de los pianissimos a los solos, están más amarrados que las botas del cadete Tello. Explican los mismos Mayambé que su nombre lo tomaron del tema “Los negritos”: Gurumbé, gurumbé/gurumbé, gurumbé/de teque maneque/chuchú mayambé. La palabra es una jitanjáfora, en el fonema llevan la clave.

En la tercera rola llegó la mesera con el torito de cacahuate, yo ya estaba mareado, beodo informativo. La sala estaba llena, había familias completas que fueron a disfrutar de Mayambé, gran banda que promete mucho, sus integrantes son artistas con trayectoria que disfrutan lo que hacen: la sonrisa de Alex, el baile de Erandi, el sangba de Jorge, la jarana de Xanai. Luces en el escenario, aplausos, ya estaba mareado.


Foto: Mitzi Sofía Ortega

Después de “El butaquito” me tuve que ir, la culpa fue de ese torito de coco, el de maní estaba más alivianado, aunque ya era tarde para consideraciones etílicas. No pude quedarme a todo el concierto, la culpa fue de ese maldito torito, pero con lo que escuché quedé convencido de que el trabajo, es decir, el estudio, personal y colectivo, logra excelentes resultados, Mayambé tiene el flow del río Tlacotalpan. Quizá lo único criticable fue la exageración en efectos por parte del sonidista, aka ingeniero de sonido, ¿o habrá sido el torito?

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