La muerte del comendador (Libro 1)

Gerardo Pérez Escutia

Cualquier obra es una “maquina de generar interpretaciones”. Una buena novela resuena en el interior de los lectores, generando teorías sobre su contenido que suelen ir mas allá de la voluntad del propio escritor. Umberto Eco

En este Bufete Negro, hemos tratado de presentar y recomendar una amplia gama de obras (libros en su mayoría y alguna que otra serie) que se encuadran en el género de la novela negra, género cada vez más amplio y diverso; hemos querido entusiasmar al lector tratando de transmitir la emoción y el placer que provocan en nosotros las obras recomendadas, obviamente, tratamos de que prive la calidad y el oficio literario en lo que recomendamos. Sabemos que en esencia, detrás de cualquier historia, de cualquier género, lo que esta ahí es literatura, y este concepto es tan amplío que hoy me permito recomendar una obra que no es en estricto sentido novela negra, pero que si tiene rasgos intensos de misterio y fantasía. Reúne los elementos de una trama que nos intriga y que hace que la devoramos sin parar para poder desvelar los enigmas que plantea y por si fuera poco, durante su lectura disfrutamos de literatura de gran calidad que nos provoca profundas reflexiones.

Para poder incluirlo en esta columna, me pregunté ¿qué es lo esencial en la novela negra? , ¿qué me provoca su lectura? En una novela negra lo esencial es el misterio, el enigma derivado casi siempre de un crimen o crímenes y la investigación consecuente, su resolución y castigo o redención de los protagonistas. Este género está lleno de seres atormentados y de crímenes execrables. Sus mejores exponentes nos llegan a mostrar las cloacas de la sociedad y todos sus esqueletos, y dependiendo de la calidad del autor y su obra, nos llevan a vivir emociones extremas e involucrarnos totalmente en sus historias, además de disfrutar con la prosa y el oficio del escritor. En la novela que hoy recomiendo no hay un crimen, pero hay mucho misterio, muchos enigmas y en ciertos pasajes alcanza un tono oscuro digno del buen noir. Hay un personaje determinante que es fantástico y misterioso a la vez; la afinidad con la novela negra es más fondo que de forma y nos lleva como lectores a las mismas sensaciones que nos provoca el género.

El libro es La muerte del comendador (Tusquets, 2018 ISBN 978-607-07-5253-7) de Haruki Murakami. Murakami (Kioto, 12 de enero de 1949) es sin duda el escritor japonés más leído en el mundo, multipremiado y desde hace ya varios años candidato cuasi permanente a recibir el premio Nobel de Literatura. Es autor de varios novelas y libros de relatos entre los que destacan: Tokio Blues (1987), Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1994), Kafka en la orilla (2002), IQ84 (2009), Hombres sin mujeres (2014) y La muerte del comendador (2017).

A Murakami se le considera el “más occidental” de los escritores japoneses y por eso ha recibido diversas críticas de los puristas culturales de su país y de los nacionalistas que critican que no ensalza los valores tradicionales de Japón. Yo en lo particular, discrepo de esta postura ya que en los libros que he leído de él se aprecia un profundo respeto por su raíces japonesas (que siempre aparecen en su obra), a la vez que un espíritu universal que tiene anclajes y referencias culturales diversas, como la música clásica, el jazz, la literatura norteamericana y europea, los Beatles… Además, en su literatura se hacen evidentes sus fetiches y obsesiones: el sexo, el fracaso sentimental, la soledad, el suicidio, todos, en esencia, asuntos universales.

La muerte del comendador es la historia de un pintor frustrado que se dedica a hacer retratos por encargo de gente rica y famosa en el Japón. En plena crisis de pareja se dedica a viajar sin rumbo fijo por varias provincias de su país. El protagonista y narrador va describiendo con prolijidad sus sentimientos e impresiones que le ocasionan la separación de su mujer y lo intercala con sus recuerdos y el trauma ocasionado por la muerte temprana de su hermana a los 12 años (esto será un leit motiv que aparece constantemente en el libro). Así pasa algunos meses hasta que un amigo le ofrece la casa de su padre para instalarse por un tiempo (un pintor muy famoso y anciano que padece Alzheimer). Esta oferta le proporciona un refugio ideal, pues es una casa aislada en el bosque, en medio de las montañas, donde puede dar rienda suelta a su creatividad y a su introspección en un espacio casi sin decoración alguna, pero con una colección envidiable de música clásica y operas (en vinilo).

Al poco tiempo de instalarse en la casa descubre en un desván un cuadro oculto con una etiqueta “La muerte del comendador” y al descubrirlo se despliega un mundo extraño -como en un espejo borgeano- en donde una serie de acontecimientos se precipitan y lo arrastran a situaciones que rayan en la fantasía y el surrealismo.

En esta obra se despliegan varios misterios: ¿porqué estaba oculto el cuadro?, ¿quién es el extraño personaje borroso que aparece en el?, ¿quién es y cuál es la esencia del comendador?, además, la historia se va desarrollando en una atmósfera claustrofóbica donde se presentan enigmas y misterios que se acercan a lo sobrenatural. Se descubre un antiguo santuario taoísta, donde al parecer se enterraban monjes a meditar y alcanzar la iluminación mientras agonizaban lentamente, haciendo sonar una campanilla o un gong. También entra en escena un misterioso vecino que le hace un encargo muy particular a nuestro protagonista y se van superponiendo misterio tras misterio que nos van cautivando y asombrando gracias a la destreza narrativa de Murakami.

Este libro tiene la peculiaridad de que al leerlo sentimos que lo escribió para nosotros; a cada momento nos sentimos identificados con algún pasaje y sobre todo con la simpleza en la que nos hace evocar pasajes de nuestra vida, es misterioso, nostálgico, y transmite una atmósfera de inquietud y ansiedad propias del mejor thriller. Es un libro inquietante que algunos críticos no han dudado en clasificarlo como digno representante del realismo mágico.

En el desarrollo de la trama es tan grande el repertorio de emociones y situaciones que registra Murakami, que es casi imposible no sentirse identificado y (en no pocas veces) conmovido por el relato, posee una rara combinación de barroquismo en el detalle de la descripción de lugares y objetos, pletórico de referencias y apreciaciones estéticas, y a la vez, es capaz de un minimalismo extremo al mostrar y desnudar el amplio registro de emociones de los protagonistas, como si fuera un retratista experto que con solo unos cuantos trazos es capaz de evidenciar la esencia vital de sus retratados .

En el relato todo tiene un protagonismo y valor narrativo: la casa, la ex mujer, las amantes, el vecino, la música y sobre todo la pintura, se van entretejiendo y combinando en un asombroso rompecabezas en que todo va cobrando sentido y nos va desplegando las claves de la historia .

La muerte del comendador es un viaje misterioso, tanto por lo que muestra como por lo que solo insinúa. Es una “odisea” en la que “Ulises” es el protagonista y a veces nosotros mismos, en la eterna búsqueda de nuestra “Itaca” personal.

La muerte del comendador esta escrita en 2 tomos, pero es tal mi entusiasmo con el libro que aunque solo he leído el primero y aun hay mucho por resolver para el segundo tomo, me atrevo a recomendarlo sin ambagues como una obra literaria de primer nivel que a su vez se lee fácilmente, es un relato cautivante y reflexivo.

Como dice el escritor Rodrigo Fresan: La literatura de Murakami merece un Nobel no por la belleza formal de su lenguaje (sus propios traductores comentan que su prosa es sencilla y directa), sino porque logra un acceso inmediato al inconsciente colectivo de medio mundo usando herramientas tan aparentemente banales como la simplicidad, la intriga narrativa y las referencias pop que exasperan a sus detractores”.

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