La red púrpura

Gerardo Pérez Escutia

Reseñar y recomendar un libro es una tarea un tanto ingrata: uno puede hacer una sinopsis, describir un contexto, seguir el hilo de la historia, hablar de los personajes… Pero transmitir la emoción que provoca la lectura de un cuento o una novela, es mas complicado, es difícil pues la emoción es intima, individual y obedece a muchos factores como la edad, la sensibilidad, la cultura y hasta el estado de animo del momento en que se lee.

¿Cómo describir el momento en que un libro en particular abre nuestra mente y sentimientos y nos deja colgados en la sorpresa, en una especie de epifanía personal y nos lleva a vivir en los personajes, a encontrarnos en la trama y disfrutar plenamente el placer que solo nos brinda la lectura?

Esto es lo que pretendo humildemente con mis recomendaciones en este Bufete Negro y en esta ocasión será: La red púrpura (Autor: Carmen Mola , Ed, Alfaguara , 2019. ISBN 978-84-204-3558-9)

Este libro es el segundo de la autora (o autor, pues Carmen Mola es un pseudónimo de una misterioso (a) escritor (a) español (a). De entrada este hecho nos atrae y nos hace que busquemos en la trama, en el estilo, alguna pista que nos permita identificar quién esta detrás del nombre “Carmen Mola” (para quien desee investigar, en la red se encontrarán muchas pistas de toda índole), pero mas allá de este “misterio”, quiero hablar de la novela en sí.

La red púrpura es una novela que sin ambages se inserta en el género negro, en el mas oscuro de sus subgéneros y que nos recuerda a autores franceses como Pierre Lemaitre o Franck Thilliez por la dureza de sus tramas y el ritmo vertiginoso de la narración.

Elena Blanco, la protagonista principal es una inspectora de policía al frente de la BAC (Brigada de Análisis de casos), cuerpo de élite de la policía española que tiene a su cargo las investigaciones de crímenes de mayor impacto. Elena es una mujer divorciada y carga con el trauma del secuestro de su hijo (años atrás) y con la terrible incertidumbre de no saber cuál fue su destino, aunque sospecha que tuvo que ver con una investigación anterior no resuelta.

Elena es una jefa implacable, una adicta al trabajo sin vida social y que ejerce una presión desmesurada en sus subalternos que raya en la tiranía, presión que en aras de conseguir resultados en sus investigaciones ya ha causado bajas en su equipo y que -como se verá en la trama- casi destruye la estabilidad y cohesión de la brigada. Sin embargo, esta misma actitud es determinante en la resolución de sus casos. Los únicos rasgos de empatía y sensibilidad de Elena son su afición absoluta a la “Grappa italiana”, a alguna noche de karaoke y a un “polvo ocasional” con algún desconocido, de preferencia en un “todo terreno”.

La novela comienza cuando gracias a meses de investigación (particularmente de una hacker sexagenaria del equipo) están a punto de descubrir cuando se llevará a cabo el “evento”, que no es otra cosa que una sesión de “snuff movie” (tortura y asesinato en vivo, transmitido por la “web profunda”) que les permitirá llegar a los integrantes de “la red púrpura”, organización criminal responsable de estos “eventos” que gana miles de euros por su siniestra puesta en escena y su transmisión.

A partir de este momento se despliega una vertiginosa y adictiva historia que nos lleva por las calles del Madrid actual y otras localidades de España en donde se desarrolla la investigación de este caso. La autora (¿o es autor?) no nos ahorra ningún detalle escabroso y nos hace entrar en el siniestro mundo de los tratantes de blancas, las “snuff movies” y otras aberraciones (que no mencionaré para evitar el spoiler) y nos hace que vivamos la adrenalina y la ansiedad que provocan los giros de la trama hasta llegar a un final totalmente impredecible y nada complaciente.

La inspectora Blanco pronto se da cuenta que la “red” también tuvo que ver con el secuestro de su hijo años atrás, y esto le da un giro inesperado a la trama, ya que la historia, más allá de una investigación criminal se convierte en el drama personal de una madre desesperada por saber que pasó con su hijo. A partir de esto, como lectores, ya no podremos ver la historia como un simple caso policíaco. El oficio de la autora (acordémoslo así) nos hace vivir en carne propia la angustia de la que tal vez sea la peor situación vivible por una madre -la desaparición de un hijo-, y las diferentes etapas descendentes en los círculos del infierno, que un hecho así implica.

La red púrpura, es una novela que nos muestra con singular detalle como operan esas nuevas “multinacionales” que son las redes criminales y el grado de sofisticación y sadismo que han alcanzado (nada de esto nos es ajeno, por desgracia), su involucramiento con políticos y “prominentes” empresarios y nos muestra como nadie de los involucrados sale indemne de hechos como los que aquí se narran. Recordemos el caso real investigado por Lidia Cacho y sus ramificaciones en la clase política y empresarial de México. Es decir, nada ajeno a la realidad nuestra…

Los personajes están bien estructurados y con la suficiente ambigüedad moral para hacerlos creíbles. La historia, aunque se desarrolla en la época actual hunde sus raíces en agravios no resueltos de la guerra civil española y atraviesa 3 generaciones, brindándonos una mirada en primera fila a las zonas más oscuras del espíritu humano.

Carmen Mola (o quien sea que se oculte bajo este nombre), demuestra un oficio maduro y aunque es el segundo libro bajo esta “autoría” se nota la mano de un escritor o escritora con experiencia, que dosifica la trama, le da giros inesperados y nos compenetra en el drama personal de los personajes, en sus derrotas y en sus temores, y nos hace que literalmente devoremos el libro, todo ello en el marco de un Madrid cosmopolita y actual que nos brinda (por si fuera el caso) suficientes referencias para una viaje literario.

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