Lo que sucede en los resquicios

Said Soberanes

Rueda hacia dentro del escenario una llanta de auto, un zapato sale volando… Una mujer en un dorado vestido de noche camina desorientada y magullada hacia el zapato para tomarlo entre sus manos. Lo que sea que estemos presenciando, ella sale viva. Estos primeros segundos de Paisaje del amor pixelado, el nuevo trabajo de Luciérnaga Teatro, son suficientes para atrapar nuestra atención y disponernos a la experiencia disociativa de reconocer la ilusión de la que nos rodeamos.

Con una facilidad narrativa para construir con precisión los distintos pasajes de la historia, Verónica Villicaña escribe y actúa este monólogo en el que una mujer y su holograma recuerdan su historia y su vida con Sergio, un hombre que mantiene con ellas una relación: una relación sexual-afectiva, con una y con la otra, meramente sexual. En el centro de la historia, una discusión sobre infidelidad mientras Sergio maneja un auto y una tarde que Sergio llenó de seducción. La dramaturgia aborda la toma de conciencia de ambas mujeres sobre sus relaciones humanas, desde múltiples miradas que funcionan como una sola, siendo esto al mismo un gran acierto y una gran dificultad de la obra.

Al ser un texto sostenido en la narración detallada de los acontecimientos, la escena aparenta tener poco que aportar al desarrollo de la historia; el abierto espacio escénico, iluminado por luces azules y una proyección de video que se derrama sobre una malla traslúcida y una mampara blanca, parece estar listo para estallar y reforzar las figuras poéticas del texto, pero el reforzamiento sólo sucede suavemente. En la malla, se proyecta un holograma de ella que reconstruye instantes de disfrute y de diversión. Es en estos instantes proyectados, y en el reflejo que hacen con el conflicto emocional que está viviendo en escena, que se revela un problema interno en sus sistemas, el surgimiento de algo que siempre ha estado ahí pero que no ha sido ubicado. La obra lo compara con un pixel dañado en la memoria, con un glitch, pero ¿es un error del sistema?

Esa metáfora recuerda al artista James Bridle, quien en 2014 dibujó en tamaño natural la imagen glitcheada de un avión que multiplica sus colores y sus posiciones en el patio de un recinto cultural en Ucrania –  la imagen proviene de Google Maps –, de lejos parece un pixel dañado, un error computacional, un glitch; y sin embargo, es la forma lógica que el sistema le otorgó para comprenderlo. Esa anomalía dentro del sistema no es un error, es la única forma que tenemos de advertir las costuras de un modelo que mira y representa al mundo “como una dinámica y siempre cambiante colección de datos provenientes de una miríada de diferentes fuentes, creando una ilusión perfecta, sin costuras” dirá Clement Valla.

Cuando la memoria y la conciencia ya no construyen un sentido comprensible y la ilusión del modelo se fragiliza, puedes ver las costuras de tu propio montaje en ese recuerdo pixelado de ti misma; mas no sólo se constata el modelo, también surge ahí una realidad incontrolable e incontestable, pero patente. La obra, en su clímax, es capaz de rasgar las certezas de sus personajes para dejarlas en orfandad con sus preguntas para cuando termina. Este consternado ambiente que el desgarre genera, es moderado por ciertos momentos humorísticos que la vis cómica de la actriz sabe aprovechar para generar simpatía por sus personajes.

La última escena de la obra no cierra la fábula ni nos pretende explicar el desarrollo de ambas anécdotas en un sistema comprensible, la obra no explica el sistema, señala una verdad dolorosa e inabarcable dentro de él: Tú, que me lees, has sido causante de dolor alguna vez, lo volverás a ser; para esto no hay redención, pues tu dolor no purifica tus culpas. Sólo queda hacerse cargo.

La obra se presentará en el Café del Olmo los días miércoles del mes de abril.

Paisaje del amor pixelado
Compañía: La Luciérnaga Teatro
Dramaturgia y Actuación: Verónica Villicaña
Dirección: Everth Yamil
Producción: Susie Q

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