Los insólitos espacios

Raúl López Téllez

El 5 de abril del 2006, en un acto de La Otra Campaña, el todavía Sub Marcos aventó su rollo en ese lugar. Quienes estuvimos ahí, constatamos no sólo el empuje o el arrastre, dirían otros, del insurgente con las chamacas, sobre todo si eran rubias y de “ojos de color”, sino las dimensiones tan aprovechables de un espacio tan desperdiciado.

Me refiero a la amplia superficie o “área verde” entre los edificios R y T en Ciudad Universitaria. En ese lugar, no recuerdo si antes o después, presencié también un concierto al aire libre que yo creo fue el primero y el último desde que existe el conjunto de edificios blancos y feos que conforman el Campus principal de la Universidad Michoacana, un concierto que fue extensión de un festival de jazz y donde más de uno descubrió lo rico que es oír un sax acostado sobre el pasto.

Y párenle de contar. Nunca más he visto multitudes alocadas en esos terrenos, que si hubiera decisión e imaginación en quien lo pudiera decidir, cada semana o cada quince días sería el espacio propicio para espectáculos de música, teatro, danza –me imagino la escena en un ámbito nocturno-, y hasta para que alguien nos tire un rollo desde ahí, como el Sub, que en aquella ocasión invitó a los universitarios a “elegir mirar hacia los otros abajos que hay allá afuera, fuera de esta torre de cristal que es la universidad, la academia; fuera de allá está otro país”.

La reflexión viene a cuento y justo sobre áreas de Ciudad Universitaria, porque resulta que dentro de esos espacios insólitos que todos se niegan a ver y que pocos, quienes tienen mirada de lince, descubren.

Así fue el pasado fin de semana, donde entre la búsqueda de alternativas para no gastar del más que alicaído presupuesto de la Universidad Michoacana, y el encontrar justamente esas alternativas tan a la mano, el “¿por qué no lo había descubierto?”, seguro sacudió conciencias como eurekas en la sala de experimentos.

La alternativa resultó el área jardinada de XESV, Radio y Tv Nicolaita -la emisora de la UM ubicada en el perímetro de Ciudad Universitaria- y que a propósito de su 43 aniversario, fue descubierta para proponer que ahí mero se desarrollaran los eventos. Y pues el lugar demostró su viabilidad, como en su momento la otra área verde comentada, incluido Héctor Infanzón y su cuarteto, que, altercados tecnológicos mínimos, seguro dejó a más de uno con una sonrisa para irse a dormir y hasta puede que a otros descubrieran el jazz por primera vez y se lo llevó para siempre en su corazón, en fin, encuentros y hallazgos que suelen darse en espacios que, pensándolo bien, deberían ser más compartidos, más caminados, más de todos.

Si el jardincito radiofónico demostró que resiste, con algunas adecuaciones que hagan más confiable el sonido, lo ideal sería que por ahí pasaran más eventos, no sólo los de aniversario. Justo, creo, una emisora tendría mucho de donde cortar para acercar a los vecinos y a los que pasen, a un rato de fandango recreativo.

De lo contrario, seguiremos, bueno los universitarios, sin hacerle caso al Sub Marcos –luego Cero luego Galeano-, “elegir mirar hacia los otros abajos que hay allá afuera”.

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