“Me conmueve que el público responda”: Salvador Próspero Maldonado

Raúl López Téllez

Descendiente de una familia con un apellido ilustre, el violinista Salvador Próspero Maldonado realiza una serie de diez conciertos que iniciaron en febrero y culminarán en abril, ejecutados en espacios de la Universidad Michoacana, donde le ha conmovido que el público responda. Como un joven estudiante de la Preparatoria 4, cuenta, quien lloró al escucharlo.

“Ya no cobro por tocar, casi pago por que me alquilen”, dice entre risas, entrevistado en un café del Centro Histórico, donde se aferra a un vaso con agua de limón para mitigar el calor de estos días.

En estos conciertos, dice, ejecuta “una chacona de Juan Sebastián Bach, una pieza del barroco que dura quince minutos, para violín solo; además la ejecución de esta obra, muy complicada por la polifonía que tiene para el violín, tocar acordes de cuatro sonidos dentro de lo posible, simultáneos, no es fácil, la duración misma, un tema y 29 variaciones”.

El hijo de Salvador Próspero Román, el célebre compositor purépecha, iniciará un viaje por Europa en mayo, donde buscará participar en algunos conciertos, ya sea en conservatorios o en universidades. De formación académica, reconoce que no es un especialista en la vertiente donde su padre es respetado y venerado.

Su pasión por la música seguirá, “mientras pueda seguir tocando, ya voy a cumplir 73 años, ya es pesado tocar estas obras, ya no hay la energía como cuando fuimos muchachos, pero yo disfruto mucho, agradezco la posibilidad de tocar mi violín, el disfrute de tocar buena música”.

-¿Qué balance se puede hacer en todos estos años de trayectoria, el convivir con varias generaciones?

“Un balance de que vivimos en una sociedad disgregada, fragmentada, enajenada, donde al hombre se le está cosificando, donde los verdaderos valores humanos son la última rueda del carro. Como decía el presidente de Uruguay, José Mujica, lo más valioso no se vende en los supermercados, ¿a qué se refiere?, al amor, a la amistad, a la solidaridad, a la moral, a la ética, y esos valores en sociedad de consumo y materialista, no se atienden, hay mucha disgregación familiar, conflictos entre padres e hijos, envidia, mucha desigualdad en la repartición de la riqueza; en la música se encuentran valores, desde el más alto por rango y que hacen sentir (…), por eso hay que oponer a este mundo irracional la lógica del pensamiento sensible”.

-¿Cuándo se viene de un apellido reconocido, notable, es más fácil o más difícil desarrollarse?

“A decir verdad, la actividad de mi padre sí es un gran peso moral, una responsabilidad, porque en los 72 años que tengo, no he encontrado una persona que me hable mal de él, sino todo lo contrario”.

En Verona, Italia, Salvador Próspero Maldonado estudió “y trabajé”, dice. Ahí, ofreció un recital dedicado a quien fuera su maestro, Marco Ferrari, y trabajó cinco años en una orquesta, a donde espera volver “para agradecer” y buscar la posibilidad de dar clases.

Con sus hermanos, dice, ha realizado conciertos en Tingambato, el pueblo natal de su padre. “No voy con mucha frecuencia. Es un terreno en el que no me gusta meterme mucho, porque no soy especialista, es la verdad, me gusta la música purépecha, pero no soy un especialista”.

-¿Hay buenos herederos en el estado?

“Sí, en el Conservatorio (de las Rosas) y en la Facultad de Bellas Artes, hay generaciones que están tocando muy bien, joven, con energía, e incluso dentro de la música purépecha me ha tocado escuchar a grupos de jóvenes que realmente lo hacen muy bien, en un nivel muy digno”.

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