Me presento, soy la loca de las bicis

ireri al revés

Ey, ¿qué tal?

Me llamo ireri, y hoy he escrito mi nombre al revés, soy creadora audiovisual, peatona, ciclista, gritona, y peleona; pos’ oye, no está chévere eso de que pisoteen los derechos que tanto nos costó ganarnos.

Llegué a Morelia hace 9 años (rayos, canas, ya me sentí así como que anciana), antes de esto había vivido en un lugar bastante pequeño; y sí, Morelia es pequeño, pero te prometo que hay lugares aún más pequeños. ‘pérate, volvamos al tema, era una ciudad “nueva” para mí, y digo “nueva” porque a pesar de que había venido infinidad de veces antes de mi mudanza (unas 36, según el RODLM, Registro Oficial De La Mamá), no había tenido la oportunidad de reconocer el entorno por culpa de esas cápsulas contaminantes de acero y plástico con disfraz de comodidad y estatus, sí, hablamos del coche/carro/troca/runrún, esas en las que te metes y ¡pum! Apareces en tu destino sin pensar en nada más allá del tráfico y el inconveniente que le causan lxs demás a tu “libertad”.

Entonces, acá estaba, en una ciudad desconocida, a punto de comenzar mi “carrera universitaria”, cuando recordé ese artilugio que me llenó de raspaduras rodillales y libertad durante mi infancia (tardía), mi bicicleta con 27 velocidades y color verde limón. La saqué de su retiro temprano, la sacudí un poco y me monté en ella. Y así fue como, haciendo más ruido que maraca de cumbia, comencé a conocer cada uno de los lugares que esta ciudad tenía para mostrarme.

Así que acá ando, en Morelia nuevamente, jugando a vivir, y parte del juego es escribir esta columna (quién lo diría); y esta es la historia de César, Tomasa, Anatolia (mis bicicletas), y mi vida con ellas, también de los tenis que me acabé durante estos años caminando por donde podía. Es la historia de mi existencia en el espacio público: como peatón, como mujer, como persona que transita y explora el género, como novia de otra mujer, como persona, con todo lo que esto implica.

Y bueno, acá no’más pa’ que se vea chidita la cosa, les voy a dejar mis doce mandamientos de la vida en el espacio público:

  1. Respetarás al peatón sobre todas las cosas.
  2. El espacio público es mío, tuyo, y de lxs demás.
  3. Te guiarás por la pirámide de la movilidad antes que por tus prisas.
  4. El peatón es eficiente, nunca flojo.
  5. La bicicleta se respeta.
  6. Si vas tarde es tu culpa, y no la de lxs demás.
  7. La velocidad mata.
  8. La banqueta se respeta.
  9. Y el respeto es la base de una sana convivencia.
  10. Nuestra experiencia en el espacio público no es la única posible y válida, existen muchas formas de vivirlo, y es nuestra responsabilidad garantizar y respetar el derecho al espacio público y la movilidad de todas las personas.
  11. Recordarás siempre que no eres la única persona en el espacio público, tus decisiones afectan directa e indirectamente a las demás personas, siempre.
  12. Al final del día, todxs somos peatones.

Si te laten estos temas, te molesta tener que bajarte de la banqueta al caminar por la ciudad, o tienes la espinita de saber por qué cada miércoles se juntan chorrocientos ciclistas en la noche a dar vueltas por la ciudad, esta columna es para ti, hasta la que sigue.

@irerialreves, en todos lados

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