No se murió, le mataron

ireri al revés

Qué ondita, me llamo ireri, y hoy no escribí mi nombre al revés.

Hace 11 días estaba emocionada, con algo de esperanza y ganas de ver un cambio en las calles de mi ciudad, y no te miento, era una sensación muy chidilla; esa tarde nos íbamos a reunir en Plaza Valladolid, con la SEMOVEP (SEcretaría de MOVilidad y Espacio Público, está raro e inconsistente esto de los acrónimos, ¿no?), nos iban a presentar con tambores, fanfarrias, pasos, y ruedas rodantes su campaña #YaEsHora, y todo pintaba perrón.

Pero, ¿qué pasó a la hora de la comida de ese día?

Ocurrió un asesinato más en las calles, un camión del transporte público de la ciudad, arrolló a un compa ciclista, quitándole la vida en el acto, dejándole sobre el asfalto, así, sin más.

Enseguida aparecieron los titulares por todo mi timeline de Facebook, “Muere abuelito en bicicleta al ser atropellado”, “Muere ciclista en las calles de Morelia”, “Ciclista fallece al ser atropellado”… y los compatriotas morelianos con mentalidad cochista siempre comentando todo, “es que no traía casco” (claro, como si un casco fuese a salvarme si un vehículo de más de 10 toneladas pasa sobre mi cuerpo, pero de esto hablamos otro día), “las calles son para los coches”, “es que los ciclistas también son muy imprudentes”…

En ese momento hubo un cambio en el ambiente que existía en los grupos de Whatsapp de ciclistas en los que estoy (vaya momento para estar viva), pasó de la expectativa por el evento de esa tarde al miedo, de la emoción por ver lo que se venía para la movilidad activa en Morelia al enojo, de las ganas de dejar de ver al coche como el dueño de las calles, generar un cambio al espacio en el que se hace ciudad y se vive el derecho a la misma al ambiente de luto y desesperanza. Algo así como cuando tienes un filtro perrón (como el del perrito) en Instagram, y de pronto deja de detectar tu cara, y ¡pum!, realidad.

El cochismo seguía ganando, a costa de nuestras vidas, del espacio en la ciudad, y de nuestra seguridad. Nuestro compañero ciclista no murió esa tarde, lo mataron, lo mató el cochismo, la velocidad, el egoísmo, la imprudencia, las prisas, la negación de nuestra existencia como seres que usan el espacio público y nuestras necesidades.

Saliendo de la chamba (simón, tengo chamba, les prometo que no vivo en una caja de cartón y cada 15 días me pasan una compu pa’ escribirles esto, hago otras cosas, pinkipromis), rodé a la plaza, y no miento, tenía bastante miedo, tanto que consideré dejar la bici en la oficina y mejor irme a mi casa en transporte público; comenzaron a llegar las caras familiares sobre ruedas, se sentían pesados los ánimos, ya no era festivo, ya no había esperanza, la derrota se veía en nuestras caras. La presentación no se sintió como tal; parecía una rueda de lamentos, una exposición del trabajo que no se había hecho por décadas para garantizar nuestra seguridad, una muestra de que se habían hecho algunas cosas, pero que eso no había sido suficiente, faltaba más, más fuerza, más exigencias, más autocrítica, más humanidad en las calles. Y la rodada que le siguió no fue diferente, por más que se intentó, el ánimo era el mismo. No aguanté, y me salí a media rodada para irme a mi casa.

Los días siguientes no toqué mi bicicleta, no la quería ver, tenía miedo; por más que disfruto el rodar por las calles de mi ciudad, los colores, las sensaciones, el llegar a mi destino gracias a mi cuerpo, no quería ser parte de las estadísticas, no quería que me “murieran” (como lxs compas cochistas y los medios le llaman al asesinato) en las calles. Fueron un par de días llenos de ansiedad, tristeza, y enojo.

Me preguntaba mucho, ¿qué queda? ¿qué sigue? ¿por qué ellxs siguen ganando? ¿por qué nos siguen matando? ¿por qué sigue siendo nuestra culpa? ¿qué puedo hacer para que esto mejore?

Creo que aún no tengo una respuesta para estas preguntas, pero finalmente encontré una guía para mis siguientes acciones, “ser es resistir”; no voy a dejar de rodar por miedo, necesitan vernos en las calles, necesitan reconocer nuestras existencias, necesitamos respeto… y si no nos lo dan, se los vamos a arrebatar, así me cueste la vida, o a ellxs un espejo retrovisor.

Cuando ruedo existo, y cuando existo soy yo, y soy libre.

@irerialreves en todos lados

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