Norma Ferreira y La maleta en ristra

Caliche Caroma

Conocí a Norma Ferreira hace muchos años, ella tocaba en un ensamble de percusiones, la veía en el Jardín de las Rosas jugando con los instrumentos. Pasaron los años y coincidimos en varios lugares morelianos, amigos en común, incluso tocamos en algún escenario que ahora no recuerdo. A través de las redes sociales he seguido su labor artística por todo el mundo, ella, además de ser músico, es una gran formadora de talentos, histriónica y ser humano de los que hacen mucha falta. Parte de su formación fue en el Conservatorio de las Rosas, aquí en la capital michoacana, pero otra parte más importante se ha dado en el viaje (que es la vida), sobre esto y mucho más platicamos. Aquí la entrevista.

¿Músico y por qué no abogado?

Estudié música con especialidad en Percusiones. Hubiera me gustado tener una historia interesante sobre el cómo y el porqué de estudiar música. Me gustaría decir que empecé a tocar a los 3 años, que la música me eligió y esas cosas. Pero no es así, empecé bastante tarde, sin embargo, en la adolescencia tuve la oportunidad de ir a muchos conciertos, presentaciones, clases de danza etc, así que cuando llegó el tiempo de elegir qué quería hacer en la vida, el arte se presentó como mi primera y única elección y escogí la música. Aún ahora, de vez en cuando, todavía me cuestiono el porqué de mi elección.

¿Por qué las golondrinas para México?

Por curiosidad, porque quería viajar, conocer otras cosas, gentes, culturas.

¿Y la vagancia, a dónde has ido?

México, Francia, España, Irlanda, Holanda, Italia, Bélgica, Portugal, Inglaterra, Suecia, Serbia, Croacia, Eslovenia, Montenegro, Bosnia Herzegovina, Hungría, Bulgaria, Georgia, Suecia, Afganistán, India, Tayikistán, Pakistán, Uzbekistán, Palestina (que yo considero como un país), Israel, Jordania, Omán, Estados Unidos.

¿Maleta en Ristra?

Es un proyecto de música y educación itinerante. Comenzó como proyecto estudiantil, lo creé en 2006 y fue apoyado por el Conservatorio de las Rosas. En ese entonces consistía en conciertos didácticos con un repertorio para percusiones, los instrumentos utilizados cabían en una maleta. En 2007 me fui de gira por varias comunidades de Michoacán y tuve muy buenas experiencias.

Luego, poco a poco, con los viajes y los encuentros con otros músicos y artistas, la maleta se volvió más una metáfora, un cuaderno de viaje donde voy anotando la música que he escuchado, las conversaciones, las imágenes, las experiencias, todo lo que he visto. En cada país en el que he vivido desarrollé actividades con este proyecto, dando recitales o participando en programas de formación de públicos, en proyectos de educación informal, en campos de refugiados, etc.

¿Y actualmente qué?

Hace poco terminé mi trabajo con el Afganistan National Institute of Music (ANIM). Me resultó muy interesante, profesionalmente hablando, mi regreso a Afganistán. Cuando empecé a trabajar con ellos, en 2010 el Instituto se acababa de crear. Estuve allí por tres años, con visitas esporádicas a lo largo de estos años y en 2018 regresé al ANIM con una tarea muy especial: nacionalizar el puesto de profesor de percusiones y formar a uno de mis estudiantes para ocupar ese puesto. Y cerrar el círculo con la escuela.

Actualmente estoy dando un curso de percusiones, improvisación y creación en el departamento de música de la Universidad de Kabul, participo como colaboradora artística con la Escuela de Circo de Kabul. También tengo un proyecto de cuenta cuentos en escuelas y hospitales.

¿La música en el mundo?

Ya sé que lo hemos escuchado hasta el cansancio, pero es necesario que la música, el arte en general, tengan un papel más importante en la educación del ser humano, no sólo para formar artistas, sino para dar herramientas para conocer el mundo y conocernos como individuos y como sociedad. El componente social, de bienestar, de goce que la música tiene, son importantísimos en mi trabajo con comunidades vulnerables. A veces nos olvidamos que, para vivir bien, para ser y existir, necesitamos algo más que comida y techo.

Una pequeña anécdota al respecto: Cuando estaba trabajando como voluntaria en los campos de refugiados en Serbia, vi hombres y niños viviendo en las peores condiciones, en medio de un invierno muy duro de -20 grados. Un día después de la distribución de comida, me llevé algunos instrumentos, unas bocinas y mi teléfono con mucha música. Rápidamente los afganos se organizaron para hacer uno de sus bailes tradicionales llamado Atan. Y entonces, así en la nieve, estaban allí 50 hombres bailando en círculo, gozando, llorando…

¿Coincidencias y diferencias entre México y los países que has visitado?

Las diferencias y coincidencias son muchas. Cada lugar que he visitado es diferente, todos tienen sus cosas buenas y malas, aburridas e interesantes. Me gusta vivir los viajes sin ideas preconcebidas, eso no significa que no las tenga, pero me gusta ponerme a prueba, dejarme llevar por lo que veo, lo que escucho, sin juzgar y tomar las cosas como vienen. Me he llevado grandes sorpresas y también desilusiones.

¿El futuro?

Mi próximo proyecto será en México, con un espectáculo multidisciplinario basado en cuentos para niños del escritor Idris Sha, acompañados con música tradicional afgana. En paralelo a los cuentos, en el espectáculo, me gustaría contar las historias y experiencias que tuve en Afganistán, presentar una parte del material sonoro y visual que he recopilado desde 2010, año en el que vine por primera vez a ese país.

¿Qué música escuchas?

Ya sé que suena a cliché, pero escucho de todo. Mi “playlist” cambia constantemente, haciendo referencia al concepto de un amigo, me gustan las “mezclas duras”, es decir, en una tarde mi lista puede pasar de la música Sufi, a los sones jarochos, a Steve Reich, luego Juan Gabriel, música de los Balcanes, rap árabe, le siguen Monteverdi y Los Cadetes de Linares, va Georges Aperghis, sin orden y sin transiciones. Y cuando quiero, me regreso o escucho el álbum completo.

¿Morelia cultural, Morelia artística?

Para mí es difícil hablar del tema, porque hace ya mucho tiempo que no vivo en Morelia y mis visitas a la ciudad duran pocas semanas. Lo que sí puedo apreciar es que en los últimos años se han formado espacios de creación e iniciativas de educación y difusión de las artes de manera independiente que luchan contra la institucionalización del arte, misma que tanto daño le ha hecho a la vida cultural de la ciudad. Eso de irse por “la libre” y crear sin apoyos está difícil, pero da gusto saber que en la cultura en Morelia es algo más que la OSIDEM, el Festival Internacional de Música, el de cine y la feria y las cosas que organiza la Secretaría de Cultura.

Por otra parte, veo que la ciudad ha crecido bastante en los últimos años y creo que aún hace falta vincularse con las colonias populares y las de la periferia, para realizar proyectos artísticos y talleres permanentes dirigidos no sólo a los niños y jóvenes, también para los adultos. Considero que hacen falta propuestas artísticas que se presenten en las calles y las plazas de toda la ciudad y no sólo en el centro.

¿Otras comidas?


La comida del Medio Oriente es la mejor, disfruté mucho cuando estuve viviendo en Palestina, del hummus y del tabulé. En Afganistán mis platos favoritos son dos: el boloni (especie de tortilla de trigo muy fina rellena de papas y cebollas) que se sirve con una salsa de menta. La otra es el qabeli palau, arroz cocinado con la carne de cordero, se le agregan pasas, zanahoria rallada y especias como el comino y pimienta. La comida en Afganistán es muy buena, cuando cocine comida afgana en México, te invitaré.

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