Orejas en el corazón

Caliche Caroma

Uno de los payasos, con micrófono de diadema, le explicaba al público que la cooperación era del espectáculo anterior, así que tenían que dar dinero de nuevo, pues era un show diferente. Al lado, en la Plaza Benito Juárez, tocaban los integrantes de Alma de Apatzingán, algunas personas alcohólicas traían vaso de unicel con cerveza adentro, un borracho transmitía en vivo lo que ahí pasaba, el son del Maracumbé sonaba: Este es el Maracumbé/El rey de todos los sones/Querido de las mujeres/Y apreciado de los hombres.

Verso y Redoble: Encuentro de Música Tradicional llegó este año a su séptima edición, por eso fui al Centro Histriónico de Morguelia a escuchar el concierto del siete de junio-2019, el cartel anunciaba a los de Apatzingán con su homenaje a Don Manuel Pérez Morfín, añejo integrante de la agrupación arriba mencionada. Además, hubo versada en su modalidad de topada, los decimistas subieron al tablado para improvisar, a veces de manera atrabancada y con interrupciones de la presentadora, sobre migración, bosques y otras cosas.

Desde que llegué, noté las fallas del audio. El sonido grave e intermitente como de lavadora, tuuuuuuuu-tuuuuuuu, acompañó el repertorio completo; a esto se le agregó un vicio en los agudos que hacía sonar las cuerdas como si estuvieran gangosas, el micrófono de Don Manuel era el que más tronaba, parecía que a nadie le importaba, sólo parecía. Mal el ingeniero de audio, si es que lo hubo. Los músicos excelentes, pero fuera de su elemento se les pone difícil, y más con una pésima planeación en lo más importante, la sonorización.

Fernando, un amigo conocedor de la tradición y experto en audios, platicó con los integrantes de Alma de Apatizngán recién bajaron del escenario, el más joven de ellos estaba realmente molesto por las fallas, “en los monitores no se escuchaba nada”, manifestó el de Tierra Caliente. Al final el homenaje se convierte en una tortura, sale el tiro por la culata, como dicen los viejos.

Sin dudas, Verso y Redoble es un evento muy importante, los organizadores (voluntarios) han traído a excelentes artistas y las mesas, conferencias, conversatorios, etc., son de gran calidad, pero fallan en lo esencial, la sonorización de calidad, como lo ameritan los músicos, con un ingeniero perito en la materia, esto ha pasado ya en otras ediciones, no es nuevo.

(Cuando conocí personalmente a los Cabezas de Cera, circa 2007, los músicos en el escenario eran tres, pero ellos decían que el grupo estaba formado por cuatro, pues Edgar Arrellín, el ingeniero de sonido, era parte fundamental del grupo mexicano.)

Para tener el punto de vista de los que organizan, le pregunté sobre este asunto del audio a Raúl Eduardo González, quien también es músico, maestro y un gran versador/repentista, él contestó que: “Sí, caray. El sonido falló un montón. Dicen que eran las variaciones de la corriente eléctrica. Esperamos que mejore el de hoy, hermano.” Sobresaliente la semblanza en verso que escribió y leyó Raúl Eduardo a propósito del homenajeado, Don Manuel Pérez Morfín.

Carlos García, músico e intérprete del son michoacano, habló también del tema: “El audio se escuchó mal, mal, mal, rebotaba un chingo. La presentación estuvo bien, qué les podemos decir a grupos como Alma de Apatzingán, ellos tienen su estilo, le echaron ganas. Lo que me hubiera gustado es que en el fandango los músicos bajaran del escenario, como en otras ocasiones, no pudimos convivir con ellos, compartir la música, un sonecito.  Sobre la versada, aunque es medio aburrida, porque mucha gente no está preparada, valió la pena; siento que deberían cuidar más la organización de esto de los decimeros, para que no sea tan tedioso. En general el evento estuvo bien”.

La crítica intenta mejorar los aspectos que señala, también resalta aquellos que vale la pena subrayar, lo negativo y lo postivo. Insisto en la noble labor de los organizadores, ayer vi que el turismo del son ya comenzó, a mi lado pasaron jaraneros, de esos que cargan el instrumento a todas partes, señal de que Verso y Redoble se ha consolidado como un encuentro importante en la república mexicana (hoy parte de Estados Unidos) y, por qué no, del mundo entero. 

Sin embargo, no se pueden pasar por alto estos “detallotes”, simplemente porque los conciertos están dirigidos al público no especializado, que de por sí no tiene una idea muy clara de lo que la música tradicional es (¿qué es?), y al escuchar tantas fallas, lo primero que pensará la gente es que son los intérpretes quienes la están regando. Hay que ponerle orejas al corazón, no bastan las buenas intenciones.

Anécdota plus:

Llegué en bicicleta al Verso y Redoble, la recargué el árbol al lado del puesto de periódicos de la Plaza Bomberito Juárez. Cuando vi a las fotógrafas Wendy y Carmen me acerqué a saludarlas, llegaron otros amigos y platicamos dos minutos, cuando volteé, la bicicleta no estaba. Rápidamente me asomé por los alrededores, pero nada. Adiós, vehículo de batalla que tanto pasamos juntos, ahora soy pedestre que no se halla; qué culpa tiene el son, la culpa la tengo yo por andar de saludador.

Un comentario en “Orejas en el corazón

  • el 8 junio, 2019 a las 2:33 pm
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    Por años he criticado el irresponsable “descuido” del manejo del audio en los eventos culturales. En todos los que he asistido o participado, siempre falla algo en el audio. Por lo general no es un técnico especializado, ni mucho menos un ingeniero de audio quien se encarga de instalar el equipo, sino un empleado institucional. Siempre, como se oye, siempre, al inicio chiflan los micrófonos, alguien reduce el chiflido e inicia el evento. Como los organizadores hacen todo a la carrera, no realizan pruebas preliminares de audio… y así siempre. “Son simples e insignificantes problemas técnicos”, dicen los que siempre minimizan o excusan nuestra gran trradición de la ineficiencia y lo mal hecho. Pero ya sabemos que si lo hacemos notar siempre nos dicen somos los que “siempre se quejan de todo”.

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