Peatonales: To be or not to be?

Jesús Alveano H.

(Un comentario para nuestros lectores: la semana antepasada, el autor estaba preparando esta colaboración y llegó el día de enviarla; por un error involuntario, se mandó el primer borrador, donde estaban los fundamentos de investigación, sin pulir el artículo; por eso salió con el título provisional “humanidad o cochicidad”. Una pifia, que obliga a pedir disculpas).

La actual polémica alrededor de los puentes peatonales (PP), parece invitar a una reflexión colectiva, ya que se trata de espacios públicos y por eso mismo, los ciudadanos tienen derecho a opinar.

Desde luego, la problemática que se destapa, gira en primer lugar sobre su uso y conveniencia; la discusión ya ha sido abordada en México, Colombia y Perú.

 “Respecto a los puentes peatonales, se encontró que la constante es su falta de aceptación por parte de los peatones, ya sea porque son peligrosos (inseguros), tienen mal aspecto, algunos no brindan un servicio para los discapacitados, tienen extensas rampas, lo cual los hace muy poco llamativos a la comunidad.” “También se encuentra la invasión del espacio destinado a los peatones (mercancía de almacenes, exceso de vendedores ambulantes, carros estacionados), que obligan al peatón a utilizar el espacio destinado a los automotores” (Echeverri y cols, 2005).

De los anteriores comentarios surge una perspectiva muy distinta: no es que los PP sean o no un problema, sino parte de otro.

Su construcción debió ser efecto de –por ejemplo-, una alta tasa de accidentes en la intersección. Pero… esto no era todo; es probable que haya habido alta mortalidad, gran número de heridos, daños en la propiedad y descontento con las autoridades.

Pero… esos hechos, tenían otros efectos: altos costos de atención a la salud; alto ausentismo laboral; altos costos por reparaciones y pérdida de votos. Con otros efectos más amplios: menor calidad de vida y pérdida de productividad.

Si una alta tasa de accidentes en la intersección era el problema, debió tener otras causas.

Piénsese –por ejemplo-, en el exceso de velocidad de los vehículos; el gran número de peatones cruzando; una visibilidad limitada y la falta de señalización.

Pero esas causas no eran todas… había una gran distancia a semáforos calle arriba y abajo; inexistencia de PP; vehículos estacionados; inexistencia de un semáforo; imprudencia de conductores; descuido de peatones; falta de señales de prioridad; uso del celular al manejar o caminar.

Así, puede entenderse que las soluciones enumeradas, abarquen otros aspectos:

“La necesidad de mejorar la seguridad y garantizar la integridad física de los peatones, hacen necesaria la implementación de medidas de prevención que favorezcan la recuperación del espacio público, que garantice el acceso libre y seguro de los mismos a toda la infraestructura urbana. Lo anterior se complementa con el componente de la educación, tanto de conductores como de peatones, sobre la necesidad de promover comportamientos y actitudes de respeto mutuo.” (Hidalgo y cols, 2010).

Y se va más allá “se incluyen modificaciones al medio ambiente físico, educación, control de la velocidad, cumplimiento de la legislación y respeto por el peatón, valorando sus limitantes y vulnerabilidad.” (Rodríguez y cols, 2010).

Agradeceré sus comentarios a: jesusalveano@gmail.com

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