Rafael Figueroa, emisario del son jarocho en foros mundiales

Raúl López Téllez

En Japón, en los conciertos no hay sillas, todos se sientan en el piso, refiere don Rafael Figueroa, oriundo de Tlacotalpan, Veracruz, músico fundador del grupo Siquisirí y con el que ha pisado foros en Dublín, La Habana y el mismo Lincoln Center además del país nipón.

Nacido en 1935, “Don Fallo” -como lo llamó Raúl Eduardo González en la presentación del músico homenajeado por Verso y Redoble que inició este viernes- tiene una sonrisa en todo momento.  “De chamaco me iba al fandango a estar oyendo, quiere decir que me gustaba”, dice mientras ríe.

“Yo empecé muy chico con la música, a los ocho años mi mamá me enseñó las primeras cosas; a los 14 años yo ya era trompetista de una orquesta, y ahora de viejo, desde hace 34, y ahora de viejo, desde hace 34 años me metí al son jarocho, me ha dado satisfacciones bastantes, he viajado”, dice para el-artefacto.

Sobre la evolución de la música tradicional, cree que actualmente se vuelve a vitalizar el género, “pero mucho tiempo estuvo muerta”. El son jarocho, diagnostica, “está en buena salud, afortunadamente”. A esa fuerza atribuye el que haya viajado a Irlanda, Japón, “Estados Unidos ya ni se diga”.

-¿Qué ha sentido en esos escenarios?

“Ohhh”, exclama airoso. “!Imagínese qué hemos sentido!. En Japón, que por cierto ni sillas ponen, porque ahí van al piso, y ver la gente, tocando día y día en el Pabellón de México, ver a las mismas personas otra vez ahí, quiere decir que les estaba gustando, ¿no?”.

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