Sor Juana Inés de la Cruz: Detente sombra

Sor Juana Inés de la Cruz

Al mismo intento

Éste, que a la luz más pura
quiso imitar la beldad,
representa su deidad,
mas no copia su hermosura.
En él, mi culto asegura 5
su veneración mayor;
mas no muestres el error
de pincel tan poco sabio,
que para Lisi es agravio,
el que para mí es favor. 10


Décimas

Esmera su respectoso amor; habla con el retrato; y no calla con él, dos veces dueño. (fragmentos)

(…)

Mirando perfección tal
cual la pena que en ti llego  ver,
apenas puedo creer
que puedes tener igual;
y a no haber original 35
de cuya perfección rara
la que hay en ti se copiara,
perdida por tu afición,
segundo Pigmaleón,
la animación te impetrará. 40

Toco, por ver si escondido
lo viviente en ti parece;
¿posible es que de él carece
quien roba todo el sentido?
¿Posible es que no ha sentido 45
esta mano que le toca
y a que atiendas te provoca
a mis rendidos despojos?
¿que no hay luz en esos ojos?
¿que no hay voz en esa boca? 50

Bien puedo formar querella
cuando me dejas en calma,
de que me robas el alma
y no te animas con ella;
y cuando altivo atropella 55
tu rigor, mi rendimiento,
apurando el sufrimiento,
tanto tu piedad se aleja,
que se me pierde la queja
y se me logra el tormento. 60

Tal vez pienso que, piadoso,
respondes a mi afición;
y otras teme el corazón
que te esquivas, desdeñoso.
Ya alienta el pecho, dichoso, 65
ya infeliz al rigor, muere,
pero, como quiera, adquiere
la dicha de poseer,
porque a fin en mi poder
serás lo que yo quisiere. 70

Y aunque ostentes el rigor
de tu original fiel,
a mí me ha dado el pincel,
lo que no puede el amor.
Dichosa vivo al favor 75
que me ofrece un bronce frío,
pues aunque muestres desvío,
podrás, cuando más terrible,
decir que eres imposible,
pero no que no eres mío. 80


Endecasílabo

Satisface, agradecimiento, a una queja que su excelencia tuvo de no haberla esperado a ver.

¡Qué bien, divina Lisi,
tu sacra deidad sabe
para humillar mis dichas,
mezclarme en los favores los pesares!

No esperar fue el delito 5
que quieres castigarme;
¿quién creerá que fue culpa
no esperar lo que no puede esperarse?

Casualidad fue sola
quien pudo ocasionarme, 10
que nunca a un infelice
faltan para su mal casualidades.

En leyes de palacio,
el delito más grave
es esperar; y en mí 15
fue el delito mayor el no esperarte.

Acusas mi cariño,
como si fuera fácil
pensar yo que tú piensas
que dejar de adorarte puede nadie. 20

Desconfiar de aquello
que es preciso ignorarse,
es gala de lo cuerdo
y fuera imperfección en las deidades.

Más tú, divino dueño, 25
¿cómo puedes negarme
que sabes que te adoro,
porque quien eres, de por fuerza, sabes?

Baste ya de rigores,
hermoso dueño, baste, 30
que tan indigno blanco
a tus sagrados tiros es desaire.


Detente sombra

Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía. 


Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (1648-1695), escritora novohispana del barroco en América, considerada una de las mayores exponentes del Siglo de Oro de la literatura en español. Algunas de sus obras son: El divino Narciso, Primero sueño e Intuición.

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