¡Zapata vive!

Eduardo A. Chávez

La imagen de Emiliano Zapata es la de un personaje que puede ser todo menos ausente, es una figura viva, quizá más viva que nunca, contrario a lo que podría inducir el título “Cien años sin Zapata” que da nombre a la exposición colectiva que se muestra en el Ex Convento de Tiripetío, donde revelan al caudillo revolucionario como un símbolo de múltiples representaciones. A lo largo de la muestra podemos verlo desde la clásica figura mítica al lado Quetzalcóatl, el Xoloitzcuintle y un águila real,  el Zapata menos convencional con lentes oscuros y audífonos.

En la primera sala del que alguna vez fuera el Colegio de Estudios Mayores de Artes y Teología se encuentran alrededor de 40 representaciones del Caudillo del Sur, desde diversísimas miradas y con diferentes técnicas: grabado, linóleo, placa perdida, óleo, digital, transfer y hasta técnicas mixtas de grabado con bordado. Participan en la exposición artistas tanto del orden local como nacional.

A la entrada podemos encontrar Cien años sin Zapata de Javier Ornelas, donde se ve al personaje siendo abrazado desde atrás por un esqueleto, ambos encima de una bestia casi mitológica con cuernos y en lugar de cola una serpiente. Esta última aparecerá en varias obras como Metamorfosis del hombre Dios (Eunice Barajas), Simiente (Samuel Díaz), en una obra sin título de Carlos Gutiérrez y en otra sin mayor información, cruzando así el mito de Quetzalcóatl con el del líder del Ejército Libertador del Sur, cruce cultural que se deja ver desde la recuperación de la historia oral de Morelos hecha por Alicia Olivera o por Francesco Taboada Tabone; el mensaje es latente: Zapata sigue vivo y regresará.

Otro elemento que no deja de aparecer a lo largo de la exposición es todo aquello que remite a la tierra. Las mazorcas aparecen en una obra sin título de Jared Jiménez, sustituyen el cráneo en el rostro del General en De aquí soy (Rubén Mejía), son parte de un suelo casi desértico en el Zapata desnudo de Froylán Ruiz. También sin ropa, aparecen las piernas de un Caudillo que pisa la tierra con sus pies descalzos, ligado íntimamente a la tierra, desde donde es Engendrado desde la raíz (Olga “Tolo” Torres Loya).

Emiliano Zapata, personaje ineludible de la Revolución Mexicana e ícono insustituible del movimiento agrario, muestra también, si no su maleabilidad, sí su capacidad de reinterpretarse desde las diferentes causas y luchas históricas surgidas en los recientes años. Podemos ver a un Zapata que mira desde el horizonte el enfrentamiento entre hombres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional contra la Policía Federal (Jonathan Tapia), así como un Sub Marcos sacando de su caja un vinil de “La Revolución de Emiliano Zapata” en un grabado de Edgar Miguel cuyo título es Somos la Revolución. Gilberto Mendoza recrea la lucha de los caracoles zapatistas en contra de la modernización y el discurso de libertad impulsado por quienes arrasan con su territorio.

También en esta línea podemos observar Zapata 43 del artista de la Ciudad de México Ramatecuhtli Romero, quien muestra al General sosteniendo en sus manos una bandera con un “43” bordado en su centro, remitiendo con ello a la lucha en contra de la desaparición de los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa. Por su parte, Humberto Valdez en “100 años” lo retrata debajo de la figura de quien bien podría ser Samir Flores, activista morelense y líder defensor del territorio, recientemente asesinado después de una ardua labor de oposición frente a la construcción de una termoeléctrica en Huexca, Morelos.

Hay otras obras un poco más alejadas de los discursos o lenguajes visuales más constantes en las representaciones de Emiliano Zapata. Es el caso del Niño Zapata de Arturo Heredia, Skate or die de Julián Guerrero, Zapata Ciborg de Armando Carreño o incluso una obra sin título de gran tamaño al fondo de la sala en el que alcanzamos a ver a un Zapata rodeado por achotes suspendidos en el aire, sosteniendo entre sus manos un violín y con una máscara de la danza de los viejitos a un costado.

Destaca entre ellas una obra sin título de Jonathan Tapia, tanto por la técnica como por su sentido del humor: alrededor de un rostro en grande de Zapata se ven otros tantos, a cuerpo completo; detrás el casco de unos stormtroopers en una especie de crossover histórico-ficcional. Debajo se alcanza a leer “A 100 años de su asesinato, siguen muriendo muchos Zapatas”.

Ex Convento de Tiripetío, Fray Alonso de Veracrúz #290, Tiripetío Mich. Horario: 09:00 – 15:00 hrs. Abril-Junio/2019. Entrada libre. Informes al Tel.: (01 443) 344 4200

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